Friday, April 14, 2017

La competencia de escalada

Cuando estaba en la escuela, hubo una competencia de escalada, necesitaba los créditos así que entré junto con otros dos compañeros. Además, habría un premio en efectivo que sin duda no caería mal.

La idea era sencillo, construir una máquina capaz de trepar una columna en el menor tiempo posible; varios días estuvimos discutiendo acerca de cómo construir el aparato, en dónde armarlo y qué piezas usar, uno de mis compañeros tenía acceso a un taller de maquinado en una universidad privada, así que por herramienta no tendríamos problema, por mi parte, dibujé un par de propuestas y mi otro compañero se excusó por su trabajo y sólo aportó algunas piezas, jamás se volvió a aparecer.

 Debido a que no avanzábamos mucho, perdí la paciencia y construí por mi parte un chasis de aluminio con perfil que había en casa, tomando en cuenta las piezas con que contabamos, partes de juguetes, viejos actuadores y una fuente de dudosa procedencia; así ya con algo en forma, nos pusimos de acuerdo en un diseño y nos quedamos de ver en su casa a armar el condenado aparato.

La casa de mi compañero quedaba algo lejos, aunque cerca de una estación del tren, entare Juárez y Morelos, una zona bastante feíta y peligrosa, al bajar de la estación me encontré con un dragón dando un recorrido sobre la calle, era una de esas máquinas que antes usaban para la vigilancia. Pasé por enfrente de una cantina que una cortina apenas cubría a los beodos en su interior, mientras que un vago les lanzaba algo que quiero suponer y era lodo

Creí que iríamos al taller de maquinado que tanto había presumido, sin embargo para mi desilusión, todo lo hicimos en el patio de su casa con una tostadora por ayudante, fueron varios días de ajustes, soldadura, codificación y montaje. Yo estaba trabajando ya, así que tuve que faltar al trabajo un par de días por armar el condenado aparato.
Al final quedó más compacto de lo esperado y soprendentemente confiable, aunque para hacer la cosa más interesante mi compañero le pintó dientes, ojos y le puso un sombrerito muy mono. Parecía como un enanito con garras, se veía aterrador.

Ya en la escuela, los demás equipos trabajaban en sus  máquinas, algunas se veían mucho más elaboradas, y otras símplemente no funcionaban, ofrecí herramienta a un equipo que tenía problemas con los ejes más no la aceptaron. Con la emoción me dieron ganas de ir al baño, aunque debido a la construcción que se estaba haciendo al lado del árbol de los fumadores los sanitarios más cercanos estaban cerrados, por lo que tendría que dar vuelta por los pasillos hasta la tienda e ir hasta el otro edificio, por lo que opté por esperar un poco. Y aparentemente no era el único impaciente, pues la máquina en su modo espera me arañaba la pierna.

 La competencia fué entretenida, se reunió un nutrido grupo de curiosos y algunos estudiantes acarreados de primeros semestres, nadie perdía detalle de las máquinas, algunas trepaban, otras ni siquiera encontraban la columna, alguna sólo vibró un poco para luego hacer humo, en nuestro caso, las garras hicieron una enorme diferencia, pues no importando el marcar la columna, el aparato se encaramó de inmediato y se lanzó hacia arriba a toda velocidad dando de lleno en el capitel haciéndose pedazos. Ahí mientras a nuestro alrededor caían partes de la máquina, fué cuando vi por primera vez a la que fuera mi esposa; contemplaba con extrañeza el inesperado espectáculo; destacaba por su altura, tez blanca de mejillas sonrosadas por el sol, un ondulado cabello castaño hasta los hombros, top negro, preciosa; no la volvería a ver sino años después.

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