Friday, March 10, 2017

Los macacos

Cuando vivía en la capital, trabajaba en una planta de actuadores hidráulicos, básicamente haciendo diseños, documentando y redactando manuales de usuario, era algo aburrido, pero conocí gente interesante y aprendí algo de ingeniería.
La oficina estaba en una parte fea de la ciudad, cantinas, burdeles y edificios abandonados habían depreciado enormemente aquella zona, que otrora fuera punto referente para el comercio de la urbe, motivo sin duda por el cual se movieron las oficinas a ésta ubicación.
La calle estaba en reparaciones, no recuerdo si era por alguna ampliación del tren, reparando alguna línea de combustible o símplemente reemplazando el asfalto de espantosa calidad que solían usar; el caso es que tenía que estacionarme a varias cuadras y andar un buen tramo entre los montones de materiales y escombro.
Salí tarde de la oficina, como siempre al ingeniero se le había ocurrido que se enviara un diseño modificado al cliente al último momento, innecesario totalmente, pues aquellas gentes solían dejar el trabajo puntualmente al terminar el turno, no así yo, que tuve que pasarme todavía varias horas haciendo cambios.
Cuando salí a la calle ya era tarde, estaba particularmente obscuro, pues con las reparaciones el alumbrado público no estaba funcionando, al menos el resplandor de los bares en las calles aledañas evitó que cayera en alguna zanja.

Luego de andar una cuadra caí en cuenta que frente a mí andaba una mujer, tal vez trabajadora de los tugurios locales aunque también, tras de nosotros venían dos tipos, de reojo pude ver que uno era blanco, de cabello largo, por la obscuridad no podía reconocer los rostros pero se veían sospechosos, amenazantes, supuse e irían a asaltar a la mujer, pero fueron contra mí, uno de ellos llegó por detrás y me sujetó mientras el otro metía sus manos en mis bolsillos; les pedí que no se llevaran mi cartera, había sido un mes difícil así que no tenía mucho dinero, ni el comunicador, pues lo necesito mucho y fué un regalo de mi esposa. No les importó.
"¿Es lo único que traes?" - Rugió uno de ellos incrédulo, así que para quitarse el mal sabor de boca me dieron una golpiza para luego perderse por entre una de las obscuras calles.

Después de un rato me senté en la banqueta derrotado, me dolía la nariz no sabía si estaba rota, pero estaba seguro que si sangraba, también los dientes, afortunadamente no quebraron ninguno, me levanté y fuí al coche; mi experiencia me había enseñado a ser poco más cuidadoso, y ahora noté que dos personas venían por la calle, pude distinguir que eran ellos, reconocería a ese greñudo donde fuera, sin pensar abrí la cajuela y de la caja de herramienta saqué una sierra manual; me acerqué a ellos y sin pensarlo le dí al greñudo en la cara, el otro sorprendido, trató de ayudarlo, primero un arañazo en el brazo, luego en la cabeza, los hombres gritaban, no dejé de golpear hasta que se tiraron al suelo donde comenzaron a ser más cooperativos y me dejaron revisarles; recuperé mis cosas, subí al coche y me largué.

La cicatriz en la nariz ya es muy pequeña y casi no se nota.

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