Friday, March 24, 2017

La cañada

Fuí a supervisar una obra en una cañada, se estaba tendiendo una línea de conductores y por algún motivo requerían que alguien se asegurara que las máquinas hicieran correctamente el trabajo. De verdad, a veces no sé por qué me llaman para hacer ésta clase de trabajos, existen muchos proveedores que se enfocan en ésta clase de labores o aún podrían usar alguien de su propio equipo, debería ser más barato y para ser franco no es complicado; siempre me ha intrigado el por qué me llaman para éstos asuntos, es un buen ingreso, lo acepto y lo agradezco, pero cada que me llaman no puedo dejar de preguntarme, ¿por qué yo?, no es como si fuera el hada madrina de las máquinas o algo así.

La línea estaba siendo tendida siguiendo un el cauce de un arroyo, trabajo trivial para las máquinas, salvo que la constructora planeaba remover a un grupo de personas que estaban viviendo ahí, en un asentamiento irregular ubicado en un banco de grava; huelga decir que ésta gente estaba muy molesta pues se les desalojaría temporalmente de sus precarias construcciones de madera, lámina, cartón y plástico en una zona de alto riesgo, así se aglomeraban en la zona donde estaban los remolques para gritar consignas y en general lucir amenazantes, curiosamente ahí me encontré que entre los manifestantes estaba a un amigo, el cual por cierto es arquitecto con su esposa y otra persona, quienes me explicaron que la gente debería tener el derecho de vivir donde le pegara la gana, pues el río oficialmente es propiedad federal por lo que no debería haber injerencia de particulares, hablamos con el jefe de la obra, un coreano que lucía cansado y fastidiado de la gente y sus gritos, su intérprete, era un americano alto y rubio el cual no resultó muy amigable aunque sí respetuoso y escuchó a la gente. A lo más que pude llegar fué a que la empresa se comprometiera a agregar un puente para su instalación y así no perturbar el asentamiento.

De regreso a casa, por la calle me encontré con un par de enormes conejos, los cuales alguien, seguramente considerando y sería una magnífica broma, les había ajustado sendos arneses, uno de los animales, de color blanco tenía ajustado un cuchillo en el lomo, el otro, de pelaje gris, un arma de fuego, me alejé de ahí a paso presto, aunque alcancé a ver al doblar la cuadra otro animal, éste café con blanco, con otro cuchillo.

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