Friday, January 27, 2017

El colegio religioso



Me mandaron llamar de un templo; ahí fué donde hice mi servicio comunitario, además que dí clases un tiempo en el colegio anexo, a lo cual acudí con gusto.


Al llegar a la recepción me encontré con una máquina, viejísimo modelo, pero aún así se conservaba en buen estado, la carcaza aunque con algunas despostilladas se veía lustrosa, hacía poco ruido a pesar de no ser de enfriamiento pasivo, despedia un suave olor a espuma limpiadora, lucía un uniforme impecable y le hicieron una trenza muy mona, me identifiqué e informé el motivo de mi visita, a lo que de inmediato me entregó un pase y me pidió esperase a la persona encargada. Para no aburrirme consulté un poco, me sorprendió que respondiera tan bien a la cháchara y aún aquí ya allá usara jerguilla. Tal vez con el constante contacto con los estudiantes había tomado los modismos, además que supongo nunca la habían actualizado ni reiniciado, pues ese modelo era conocido precísamente por desarrollar idiosincrasias basadas en su entorno, como en una línea de ensamble que la máquina en cuanto terminaba un lote se apagaba hasta la llegada del siguiente, en lugar de permanecer en espera; luego se descubrió que uno de los supervisores se aventaba un coyotito después de la comida, el problema se prevenía con regresiones periódicas, aunque ha sido totalmente corregido en modelos más recientes.

Luego de un rato llegó una religiosa, que me explicó que estaban haciendo una remodelación a la cúpula, ésta sería montada en elevadores para levantarla en celebraciones especiales, comentaba que los trabajos casi habían concluído, sólo que el sistema de elevación y el control de la nave principal no podían comunicarse, le pedí me llevase al cuarto de máquinas; me llevó a un armario tras la sacristía donde estaba una terminal, no había control ni repetidores, nada sólo la terminal, le pregunté si había algo más, me confirmó que era todo, le agradecí y se retiró para dejarme trabajar. Era un hecho que esa cosa debía conectarse a algo; al corretear el arranque me caí en cuenta que efectivamente, buscaba las unidades de control, eran tres, las cuales no encontraba. No debían estar lejos, decidí dar un recorrido por el área donde se realizaban los trabajos, es común que se ubiquen las unidades en lugares mejor ventilados y menos visibles. En la nave, las bancas habían sido removidas, cuatro grúas sostenían la cúpula mientras debajo ya estaban listos los elevadores, curiosee un rato por entre los nichos, pinturas y esculturas de santos, varios trabajadores se avocaban en reparar daños en el suelo, pasé junto a un grupo que estaba reemplazando una toma de corriente dañada, me llamó la atención, pues estaba muy cerca del pasillo central, viendo a mi alrededor vi otras dos, que ya habían sido reemplazadas. Les pregunté cómo se habían dañado.
Cuando movimos las bancas - Dijo uno de ellos, entonces entendí todo, le agradecí y fuí a buscar las bancas.

Algún listillo debió haber ubicado las unidades de control y disipadores dentro de las enormes bancas de madera, ciertamente un chispazo de genialidad, pues ayudaban a mantener la temperatura agradable, se tenía un acceso cómodo, no ocupaban espacio y permanecerían ahí mientras existiera la construcción, o al menos eso se pensó.

 Éstas habían sido reubicadas temporalmente a un salón de eventos múltiples junto al colegio, me puse a revisarlas, encontré las unidades de control, luego de conseguir una extensión y correr pruebas, verifiqué su funcionamiento, sólo sería cuestión de regresarlas a su lugar y todo volvería a funcionar; aunque sólo encontré dos. Fuí a buscar a la religiosa, le pregunté qué había pasado con el resto de las bancas, me informó que esa banca debería estar en los patios, pues se mandaría a restauración.


Entre las pilas de material, encontré la banca; efectivamente, las numerosas marcas y letras en la madera hacían necesario una buena resanada y barnizada, ésta unidad también se encontraba en buen estado, así que satisfecho, me puse a escribir mi reporte.

Me dirigía a la recepción cuando me encontré mi ahijada, hace mucho que no la veía, luego de un breve saludo me pidió. "Debes volver." - Dicho ésto se fué tras una torre de tabiques y la perdí de vista.

Venía de salida cuando noté que mi pase me dirigía al colegio, pensé que tal vez se trataría de alguno de mis ex-alumnos o colega jugándome una broma, así que decidí seguir, al subir las escaleras  me encontré con un grupo de alumnos que supongo y me confundieron con un docente, pues me hicieron preguntas acerca de lenguaje de máquina, debo admitir que estoy algo desfasado para lo que ven así que sólo respondí de manera genérica aludiendo a estructuras en lenguaje simbólico que para todo fin práctico son universales, parecieron satisfechos, por lo que siguieron preguntando y les resolví una duda acerca de una compuerta de señal que estaban confundiendo con un altavoz.

Seguí mi pase, supuse me conducía a un aula, aunque al llegar a ésta, me dirigió a un almacén de servicio, donde habitualmente se guarda el equipo de limpieza, entré, estaba algo obscuro, como suele ser en esos lugares, luego de pasar las bahías de las trapeadoras llegué a otro cuarto, donde me esperaban varias máquinas, modelos viejos, aunque en buen estado; al centro estaba la unidad de recepción, habían removido su carcasa, actuadores, todo, sólo habían dejado la manga.
Ésto es lo que soy - Anunció la máquina - ¿Saldrías conmigo?

No tengo idea a dónde llevarla.

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