Friday, January 20, 2017

El coche

Tenía un coche viejo, de esos que aún usaban combustible, me gustaba mucho, se lo compré a mi padre, quien en su momento le agarró el gusto a los autos modernos; tenía overdrive, control de manejo, y de los primeros con piloto automático y asistencia remota, muy adelantado para su tiempo.

Lo compré ahorrando lo que gané en mis primeros proyectos; era el boom de la reconstrucción, así que había bastante trabajo.

Si bien el coche no era particularmente bello cuando lo compré, si estaba en buen estado y aún luego de bastantes años seguía dando un excelente rendimiento; mi esposa insistía en que lo vendiera pues ya estaba viejo y muy golpeado, porque vaya que le dí mala vida: una vez rayé una portezuela buscando estacionarlo, varias veces le abollé la defensa alcanzando a otros vehículos, le destrocé la dirección al impactar una columna, varias veces quemé sus bombas y la dirección siempre tiraba aceite; pero aún así la máquina no se rendía y seguía funcionando de maravilla, aún en cierta ocasión nos fuimos de vacaciones a la playa; aunque hubo una ocasión en que si tuvimos un susto fuerte, regresando de una fiesta en otra ciudad, muy temprano por la madrugada, yo estaba cansado, conducía detrás de un transporte de personal, el cual avanzaba pesadamente, así que decidí adelantarlo, al transporte no le importó y cambió de carril de manera inesperada e inexorable, sacándome del camino, el coche rodó varias veces por la ladera aplastando matorrales y despertando a mi esposa al tiempo que quedaba derecho. Luego de asegurarme que estábamos bien, traté de encender la máquina, para nuestra sorpresa, ésta volvió a arrancar y pudimos regresar a casa. Mi esposa aseguraba que desde entonces tenía tortícolis.

Ahora que lo pienso, casi todos los percances que tuve con el vehículo fué acompañado por mi esposa, excepto el último. El cual me ocurrió precísamente poco después de su partida, el fin de semana, luego de despertarme y salir de casa para ir a trotar me encontré con que el vehículo no se encontraba, inmediatamente pensé que había sido robado y lo reporté a la aseguradora, me informaron que tenía que presentar un reporte de la policía para que pudiera proceder, llamé a la policía, me mandaron a hacer el reporte en una máquina de servicio, recordé que había siempre una apostada en un transitado crucero del periférico, cerca de casa, así que sin mayor opción, me fuí caminando; al ir subiendo por las curvas me llamó la atención que algo de la maleza del arroyo estaba aplastada, y la valla retocida, al acercarme pude ver que ahí, efectivamente, al fondo del pequeño barranco, estaba mi coche, justo al lado de las vías del tren.

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