Friday, July 01, 2016

El laboratorio

El otro día recibí una llamada, era de uno de los laboratorios locales, aparentemente se habían enterado de mis trabajos en la industria y me estaban invitando a charlar con sus directivos.
No tengo idea realmente por qué de la invitación, pues no he participado en ningún proyecto destacado, o al menos no localmente, no tengo ninguna publicación, al menos formal y aún mi campo es más empírico que una ciencia por sí misma.

Las instalaciones se encuentran en la carretera a la capital, justo antes de salir de la ciudad; el lugar es notorio por su enorme edificio de tabiques amarillo y preciosa fachada de cantera, vestigios de un glorioso pasado equiparable sólo a las culturas clásicas; ya adentro, en la recepción destacan los frescos y aún mosaicos en el suelo que son enmarcados por dos elegantes escalinatas, aunque para mi desconcierto, la entrevista se realizaría en otro lugar, al otro lado del complejo.

Crucé caminando una explanada, muchos árboles habían sido talados para reemplazarlos por columnas de concreto y los senderos de adoquín por planchas de concreto. Al acercarme a la oficina sentí un aleteo en mi nuca, al voltear ví alejarse a un cuervo, me extrañó un poco, aunque recordé que éstos animales suelen ser muy inteligentes, aún recuerdan a las personas que les han molestado y las buscan para atacarlas, aunque en éste caso más pareciera que estuviera protegiendo su territorio, en cualquier caso ya había llegado al lugar, al entrar me encontré con una mujer de dorada cabellera, uñas con partes móviles y pesado maquillaje, me recibió con rostro inexpresivo y me pidió que esperara en la salita. Aún no me había acomodado cuando me hicieron llamar.

Entré a lo que pareciera una sala de juntas, varios hombres y mujeres se encontraban en una larga mesa, me saludaron y me senté. Me preguntaron muchas cosas, sobre todo acerca de mi trabajo con máquinas, les fuí sincero, no tengo mucha experiencia en mantenimiento, me preguntaron de la capital y mi trabajo por allá, les hablé un poco de lo que hago y cómo lo hago, se mostraban interesados, en especial un hombre de coronilla calva, una mujer anciana de pelo ensortijado me cuestionaba si había publicado anteriormente, por su insistencia más parecía como si supiera más de lo que aparentaba, un hombre jóven, de anteojos habló un poco de sus investigaciones, celdas de energía, reciclaje de polímeros, metales amorfos, matrices cerámicas, nada que tuviera que ver con mi campo, más por aportar algo al tema hablé de mi experiencia en pruebas destructivas de polímeros y metales de fundición, de ahí se arrancaron en una jerga de la que apenas pude seguir el hilo, sólo asentía de vez en cuando. Después de un rato me dieron las gracias y se despidieron.
 Antes de salir, la anciana mujer me detuvo, muy seria me dijo:
- No vayas a nanotecnología.

De regreso a casa pude ver que los vecinos estaban en la banca de piedra bajo el nogal que está junto al camino, sus niños jugaban, mientras la mayor, una niña de largo cabello negro y ojos rasgados, aún en uniforme se encontraba limpiando un arma, aunque por la manera en que le pasaba el trapo, no la veía muy convencida.
 Por un lado me extrañó que estuviera tan temprano en casa, pues ella sale de clases hasta las 4:00, aunque por otro, me dió gusto que aún se conserven esas tradiciones.

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