Friday, April 08, 2016

El refrigerante

Cuanto vivía en la capital, un tiempo trabajé en una fábrica de polímero, mi trabajo era simple: ver por las máquinas, mantener la red y el sistema funcionando, además de gestionar la compra de equipo especializado, era sencillo y me daba bastante tiempo para trabajar en proyectos personales. En una ocasión me mandaron a echarle un vistazo a una máquina en el cuarto de bombas que movían el refrigerante de y hacia los reactores; aparentemente la máquina se había puesto temperamental de nuevo y sólo estaba filtrando el fluído contínuamente impidiendo el arranque de los reactores, pues éstos no podían trabajar en seco.

Tomé algunas herramientas de mi cajón y las eché en la valija, más por costumbre y aparentar que sería un trabajo complicado, pues estaba seguro que sólo era un conflicto de lógica que sería resuelto sin siquiera abrir un tablero. El cuarto de bombas era un lugar sucio, lejano y la verdad no me gustaba ir, sin embargo el visitarlo me daría la oportunidad de dar un paseo por la planta, estirar las piernas y quizá platicar con alguno de los operarios.

Al llegar al edificio me saludó el guardia, un hombre gordo y calvo que tenía antecedentes de epilepsia; abrió la reja y me dejó pasar, ni siquiera me registraba ya en los libros ni usaba la tarjeta, ya todos me conocían y para el tiempo que estaría ahí no valía la pena.

Bajé las escaleras llegando a los canales del refrigerante, en realidad una serie de túneles por donde corrían tubos de refrigerante, como era costumbre se encontraban inundados, al menos 10 cm de líquido aceitoso, aunque en algunos lugares la profundidad era tal que se tenía que usar una pequeña balsa inflable, me habían contado; las fugas se daban con frecuencia y el mantenimiento a la línea exigía el detener producción así que a ingeniería de proyectos se le ocurrió  redireccionar todos los drenajes del área a una cisterna desde donde se bombearía todo de nuevo a la línea, después de todo, tenía que pasar por el sistema de filtrado de todos modos.

En uno de los túneles me encontré con un operario, hombre, mujer, imposible saberlo pues tenía encima todo el equipo de seguridad, hasta el chaleco y barbiquejo, me sorprendió su esmero, en cualquier caso le saludé, contestó a mi saludo levantando la mano y se acercó para entregarme algo, era un pequeño dulce de menta, le agradecí y me guardé el dulce en la bolsa, pues no se suponía que se pudiera comer en esa zona, además de que el olor del refrigerante era bastante molesto.

Al revisar la máquina me dí cuenta que los filtros estaban saturados y el fluído tenía un contenido de contaminantes muy por encima de la norma. Así, la máquina sólo acertó a recircular constantemente el refrigerante por los filtros con la esperanza de que éste eventualmente alcanzara la pureza requerida para el proceso.
En algunas áreas de la planta no había acceso a la red para evitar "uso no adecuado". Por ésto, la máquina no había podido reportar el estado del filtro.
Al consultar la bitácora encontré que el cambio de filtros debió haberse realizado la semana anterior y se había omitido, en los registros de acceso pude ver que era el primero en visitar el cuarto en más de un mes. Conforme a procedimiento revisé parámetros de la máquina, y como solución temporal la mandé a modo mantenimiento, así dejó de recircular el fluído y comenzó a bombear todo a los tanques esperando el cambio de filtro donde, también por procedimiento, tendrían que hacer un arranque.

Con paso apresurado me dirigí a la salida; al menos ya no había encharcamientos, la zona había sido drenada; las luces se apagaron, ¿una bomba tapada?, ¿se trató de arrancar un reactor sin fluído?, ¿se llenaron los tanques y aún quedó líquido en la línea?, en el túnel sólo brillaban las flechas verdes indicando la ruta de evacuación, vi dos gatos agazapados sobre una de las tuberías, mala señal, escuché pasos tras de mí, alguien corría, no me importó la regulación, corrí por el túnel salpicando con los charcos que aún quedaban de refrigerante. Nunca valoré tanto esas botas como aquel día, pues a pesar de lo resbaloso de los recubrimientos y el aceitoso líquido, ni siquiera perdí pisada y en breve llegué a la escalera y desde ahí grité al vigilante que encendiera las luces; al lado de la entrada hay varios controles para uso en emergencia. Visiblemente asustando me hizo caso.

Regresé abajo, encontré al operario tendido sobre el suelo, dormido, recargada en la pared había una pala, para asegurarme que no se levantara le dí con ella. Solté la herramienta y salí de ahí.

Al siguiente día me llamaron a recursos humanos para firmar mi renuncia.

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