Friday, April 29, 2016

El convento

Aparentemente mi trabajo fué tan gustado en cierta planta que una persona me recomendó a un amigo sacerdote, mismo que contactó conmigo y me comentó que tenían problemas con las calderas; más por curiosidad que por otra cosa, le dije que tenía espacio en la agenda y podría darme una vuelta. A todo ésto, la máquina a revisar se encontraba en un convento.
 
La instalación está en la periferia de la ciudad, dentro de lo que fuera una fortificación usada durante la guerra, en la ciudad hay varias de éstas fortificaciones, sólo un par continúan siendo usadas por el ejército, el resto han sido compradas por particulares y acondicionadas para otros fines; como en éste caso. Al llegar me di cuenta por qué nunca le presté atención; un muy alto de otra manera incaracterístico muro rodeaba unos cuantos igualmente planos edificios. En la entrada me encontré con un hombre que de inmediato me reconoció, saludó y abrió la puerta, supongo que no reciben muchas visitas; entonces no me quedó dura del propósito original del lugar, gruesas paredes, dobles y triples puertas, rampas, obstáculos para tanques, aún se distinguían señas de lo que fueran puestos de guardia y refugios, curiosamente noté que habían estado realizando arreglos en la fachada seguramente para ocultar la naturaleza del edificio. El hombre me condujo con apenas cháchara, al cuarto de máquinas, donde estaban unos equipos muy viejos aunque robustos.

Se trataba de un arreglo de tres calderas, una calentaba agua, otra tomaba agua caliente y producía vapor mientras que la tercera cubría los descansos de las otras dos. Supongo que cuando se abandonó su propósito militar no vieron la necesidad de seguir produciendo vapor así que se contentaban con que las tres calentaran agua, había algo de magia negra en los tableros y espagueti en algunos sensores pero era más una sobresimplificación que otra cosa. El problema que tenían era que había momentos en que algún edificio no recibía agua caliente, no agua tibia, no baja presión, nada; el resto del tiempo funcionaba perfectamente. El sistema tenía una lógica simple y sólida, que estaba alambrada y soldada, los indicadores mostraban niveles, temperaturas, tiempos de ciclo, estado de filtros y otros datos menos relevantes para que las religiosas se pudieran dar un baño, sólo me llamó la atención que seguía en línea la sección de vapor, era comprensible, pues la sección de generación de vapor se había modificado a sólo calentar agua, me puse a revisar sus indicadores más a detalle y me encontré que la línea de vapor tenía agua, comprensible pues actualmente sólo manejaba líquido; si bien todo estaba correcto operativamente, lógicamente no. El vudú que hicieron en los tableros obligaba a la máquina a seguir un ciclo muy simple: llenar, encender, mantener temperatura y nivel; sin embargo los controles de seguridad del sistema sólo se podía brincar manualmente así que la línea se cerraba en caso de falla, por lo que cuando la línea original de vapor se llenaba de condensado, en éste caso, agua caliente a entregar en un edificio, la línea se cerraba. Revisé las trampas de vapor, nada fuera de lo esperado, salvo que todas, todas menos una marcaban con condensado.

Apagué, despresuricé y drené; los muy listos habían colocado válvulas en los drenajes, al abrir la váulvula encontré el problema; una persona seguramente apurada había atado el flotador usando un algo barato cordón de nylon, el cual eventualmente con la humedad, tensión y tiempo había finalmente cedido y se había roto, así cuando pasaba líquido, marcaba presencia de condensado, como debía ser, más no como lo habían planeado con el nuevo esquema; la solución era simple, desconectar el sensor, puentear, marcar y documentar para todas las trampas.
Fué sencillo, quizá más de lo que imaginara; me invitaron a cenar.
Curiosamente durante toda mi estancia no crucé camino con ninguna de las religiosas, se acaso ví alguna a lo lejos y aún en el área del comedor, sólo ví a la que me entregó el plato, por una ventanita, también noté la presencia de cristales espejo. Realmente no tengo idea del motivo de éstas precauciones, supongo que para evitar contaminarse con el mundo exterior o algo ya propio de sus votos. Lo cierto es que la comida estaba deliciosa, si bien el pollo estaba algo reseco, me enfoqué en una sabrosa ensalada de zanahoria con manzana y pasas, además de una sopa de pasta bastante condimentada. Agradecí la comida y me retiré.

Al regresar, ya algo noche, pasando frente a la casa de los vecinos, pude ver que había varias cajas y otros objetos aventados, más los gritos me hicieron voltear hacia su puerta, donde sacaban a jalones a una mujer en ropa interior, era su nuera, su esposo había muerto el día anterior.

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