Friday, April 22, 2016

El barrio antiguo

Fuí a hacer unas compras al barrio antiguo, me gusta caminar por sus calles empedradas y empinadas, disfrutar su ya olvidada arquitectura y hasta su alameda, que si ya no tiene la cantidad de árboles de antaño, los que restan son bastante frondosos; me gusta su fuente de talavera con ranas metálicas, también la pequeña biblioteca de cantera rosa y a veces me gusta sentarme en una banca a escuchar a los estudiantes de la academia de música; en el kiosko venden fresas con crema, un postre muy gustado, aunque prefiero no comer en la calle.
Visité un par de fruterías, me gusta comprar local, la verdura es más fresca, barata y hasta tiene sabor; a veces que tengo tiempo me gusta cocinar, las variedades de olores, colores, texturas y sabores, despiertan la creatividad y abren el apetito. También compro unos cuantos huevos, "usar huevo es trampa" solía decirme el abuelo, pues consideraba que cualquiera puede preparar una comida mientras tenga un huevo, fuego y cualquier otra cosa; un par de tablillas de chocolate como golosina, me gusta como bebida, sin embargo ensucia mucho y no suelo estar de humor para limpiar ollas, molinillo y estufa luego de preparar una taza. Hace tiempo que dejé la carne, si bien se puede conseguir muy buena localmente, suele ser cara y en lo personal me desagrada el sabor.

Ya era tarde cuando había terminado mis compras, comenzaba a sentirse el aire fresco de la noche y varios negocios comenzaban a cerrar; andaba por una calle donde había un terreno cercado con malla ciclónica; siempre me da nostalgia ver que demuelen los viejos edificios para reemplazarlos por algún negocio de grandes ventanas; recargado en la malla estaba un hombre, por el uniforme negro parecía un jugador de pelota, aunque me llamó la atención que se encontrara, sucio y enlodado, también bastante mal encarado, aunque ésto me resultó comprensible al ver su lamentable estado; al pasar a su lado comenzó a seguirme, o tal vez me lo figuré, tratando de perderlo y que no me fuera a ensuciar dí vuelta en uno de los muchos callejones que se pierden en las laderas del cerro, llegué a una de esas fiestas ruidosas con tambores, había una fogata en la calle, gente bailado y cantando ritmos tropicales, muchos de ellos inmigrantes,  un pequeño grupo se me acercó, me preguntó qué traía en las bolsas, supe de inmediato que me querían asaltar, estaba demasiado fastidiado para pasar por ello y sin más les aventé las bolsas y corrí hacia ellos, confundidos, se dieron vuelta y se perdieron entre la gente, sólo pude alcanzar a uno de ellos, el más pequeño, traía camiseta de rayas rojas y blancas, lo tiré al suelo y lo patee, creo que le abollé la cabeza, aunque realmente no le importó, o igual y fué por la adrenalina, pues de inmediato se levantó y huyó. La gente se comenzó a reunír, murmuraban entre sí, nadie me ayudó, ni me preguntaron si estaba bien. Salí de ahí lo más rápido que pude y regrese al estacionamiento, pagué y me largué a casa.

Al abrir la puerta me doy cuenta que una niña juega en la sala: pantaloncillos azules, blusa celeste, cabello corto con un pequeño prendedor, no parecía darse cuenta que había entrado, así que cerré la puerta de golpe y le pregunté que hacía ahí.
No hablo con extraños - Fué su respuesta, ni siquiera volteó a verme por seguir en su juego.
¿Entonces por qué estás aquí? - Le pregunté.
Estoy en receso, en media hora regreso a clases. - Me explicó tranquilamente, saltando se fué tras los sillones.

Compré una caja de galletas por si vuelve.

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