Friday, March 04, 2016

El gel

 Un amigo me llamó, quería ayuda para mudarse, al parecer había estado teniendo problemas con su compañero de habitación. Por algún motivo estaba compartiendo el departamento con un hombre, entiendo que resulta más barata la renta, y que la ubicación del edificio es excelente, sin embargo tiene un buen ingreso y no demasiados gastos, debería pensar seriamente en una hipoteca.

Llegué, ya era tarde, quizá las 9:00 de la noche; sobre el edificio de dos pisos ubicado en esquina se podía ver en su azotea la construcción de grandes letras de concreto, ZION se podía leer, el nombre de la calle, al lado seguía el viejo y oxidado letretro en acero forjado. Una escalinata recta subía hasta el segundo piso por un lado del edificio; subí por ella, al no tener descansos, me pareció un poco insegura; en eso pensaba al momento de tocar la puerta, y al instante me abrió mi amigo. Sin duda me esperaba impaciente, apenas me señaló unas cajas que había preparado al tiempo que trataba de ignorar la cháchara de su compañero de cuarto. Yo saludé y comencé a cargar cajas.

Sin querer escuchaba la discusión de mi amigo con su compañero, para ésto, el compañero era un jóven negro, muy alto, cerca de 2 metros, calvo, musculoso, andaba en pantalones de gimnasia y descalzo; discutían acerca de un gel, mi amigo estaba molesto porque luego de que él usaba gel para el cabello su compañero lo recogía en una servilleta y lo guardaba y efectivamente pude ver como discutían al lado de una larga mesa blanca, de esas plásticas plegadizas, sobre ésta había en perfecto órden, dos filas de blancas servilletas, presumiblemente con el dichoso gel.

Es necesario tenerlo todo bien organizado - Dijo muy serio el negrazo; acto seguido tomó uno de las servilletas con cuidado y la olió profundamente.

Salí del departamento sin decir palabra, ya había bajado las escaleras cuando vi que mi amigo también venía, se había retrasado por una maleta que más parecía un caparazón de plástico con ruedas. Nunca me han gustado ese tipo de maletas, me parecen incómodas y poco prácticas.
 En cualquier caso no hablamos de camino a su nueva residencia. Si bien tenía muchas dudas, no acertaba a articular una pregunta que no sonara ridícula o entrometida, así que permanecimos en silencio. Sólo nos despedimos luego que hubo bajado sus cosas.

 Continué solo a casa, pensando en cómo se liaría mi amigo con tan curioso personaje.

Al cruzar la puerta y entrar al recibidor, me encontré con una adolescente, tez blanca, pecas, cabello castaño, ondulado y muy alborotado, tenía los ojos enrojecidos, me miró fijamente, su rostro mostraba una enorme tristeza:
- ¿Por qué nos abandonaste? - Fué lo único que alcanzó a decir.

Sólo sonreí, bajé la vista y continué mi camino hacia las escaleras.

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