Wednesday, December 30, 2015

La muchacha

Debido a los proyectos de mejora que se espera y entreguen para fin de año, he estado particularmente ocupado visitando plantas. hablando con operarios y supervisores, haciendo levantamientos, dibujos, gráficos y hasta simulaciones simples. Así pues la casa comenzó a verse y sentirse sucia, polvo sobre las mesas, montones de platos sucios, el piso del recibidor ya se sentía arenoso y en los cuartos había senderos entre una, si bien delgada ya visible, capa de pelusa; el patio era un asco, hojas secas de higuera, pedazos de cartón y periódico, excremento de animales, sólo era cuestión de un buen chubasco para que el drenaje volviera a taparse. Un par de días traté de hacer la limpieza en la noche; llegando pasada la media noche, en lo que atracaba el coche, aseguraba las entradas, me duchaba y cenaba, ya pasaban las dos de la mañana; así que no me quedaban muchos ánimos para andar haciendo la fajina en la madrugada.

Lo mejor que se me ocurrió fué el poner un anuncio en el diario local solicitando una muchacha para limpieza. Localmente hay cuatro diarios: uno de ellos el oficial, sólo habla loas del gobierno y es usado como un medio de propaganda, mucha gente lo evita por omitir muchas notas importantes que no van con su línea editorial; otro pasquín es una recopilación de nota roja que no tiene empacho en mostrar contenido particularmente gráfico y usar coloridos coloquialismos para referirse a los terribles crímenes que suceden en la localidad, el tercero es un vestigio del centralismo anterior a la guerra, suele enfocarse en notas internacionales, economía, tecnología, editoriales y hacer propaganda de reunificación, bastante caro para la mayoría de la población; el último es local, surgido luego de la secesión, una imprenta local comenzó a colectar notas de la ciudad y publicarlas para quien no tuviera acceso a la red o las quisiera impresas, en breve creció y ahora es lo más neutral que se encuentra, ahí fué donde puse el anuncio. "Persona para limpieza, sur de la ciudad, medio tiempo, pago completo"; mi número de móvil y dígitos de verificación. Ese era mi anuncio.

Recibí una llamada ya entrada la noche, era una mujer, Alicia era su nombre, preguntaba acerca del trabajo, le expliqué que era sencillo, sólo de viernes a domingo, por la tarde, medio tiempo, pisos, tarja, ventanas, baños, nada fuera del otro mundo, la colada no era necesaria pues no tengo lavadora; la paga era buena y cómo sólo era yo, no debería haber demasiado tiradero. La invité a pasar a la casa el próximo viernes, sólo tendría una junta por la mañana y el resto de la tarde la pasaría en casa revisando papelería y llenado reportes. Al colgar, me di cuenta que habló desde un número privado.


El viernes casi a la hora de la comida, me llamaron, requerían mi presencia en una junta para afinar ciertos detalles de un proyecto, sabía que éstos detalles llevarían varias horas, así que tomé un par de galletas, el bote de agua, mi maletín y partí al parque industrial. Me sentía algo culpable, así que le dejé a la mujer una nota en la puerta donde me disculpara por mi ausencia(no tenía su teléfono) y le pedía me llamara para la siguiente cita.

Ya entrada la noche llegué a casa; al abrir la puerta me dí cuenta que toda la entrada había sido barrida, entonces recordé la nota, no estaba; la mujer debió haberla encontrado y para no irse en blanco había limpiado la entrada; sin embargo también noté que no estaban las bolsas de basura en el jardín, me extrañó, pues la recolección se hace martes, jueves y sábado; las plantas habían sido regadas y también habían vaciado el bote de composta; al intentar abrir la puerta principal me di cuenta que estaba abierta, no sería la primera vez que la dejara abierta así que no me preocupé demasiado, aunque debería ser más cuidadoso; ya dentro, me recibió un suave olor a canela, el piso estaba limpio, también la mesa y tarja, aún las esquivas telarañas que había ignorado por meses se habían ido, los trastes habían sido lavados y no estaban en el escurridor, sino en las gavetas, hasta la cajita donde guardo los cerillos usados había sido vaciada; impresionante.

La herramienta estaba completa, el tablero con siluetas me permitió verificarlo en segundos, subí al segundo piso, las máquinas estaban en su lugar, aunque los pisos estaban limpios y la cama tendida. Sólo por seguridad verifiqué las ventanas y puertas, todo estaba cerrado, si, excepto la puerta principal. Estaba en la terraza cuando recibí una llamada, era la mujer, me comentó que al no encontrarme, efectivamente había barrido la entrada para que su visita no fuese en vano, fué cuando se dió cuenta que no había cerrado la puerta y decidió pasar y hacer la limpieza. Me recomendó tener más cuidado y me preguntó por mi opinión de su trabajo.
Ciértamente estaba molesto porque entró a la casa, sin embargo, también estaba satisfecho con la casa limpia y sobre todo por su honradez, así que la cité para el lunes y ya mañana cambiaría todas las chapas por cualquier duda.

El fin de semana fué casi ineventual, salvo que el domingo, en el bote de basura de los vecinos había un gato muerto, me pareció un mal augurio.

El lunes llegué temprano a casa, cené un plato de cereal y me la pasé viendo viejas películas que en su momento me había parecido buena idea guardar para ver más tarde. Fueron terribles: una era de un piloto que se estrellaba en el desierto y encontraba a una mujer que lo capturaba y pensaba venderlo como esclavo aunque en su camino van desarrollando una relación romántica, otra era de un rudo policía de Florida, emigrante Cubano con manerismos y expresiones por demás exagerados, supongo que era una comedia aunque los chistes eran francamente malos, las actuaciones pésimas y la trama una excusa para mostrar mujeres exhuberantes y tiroteos; la última era de un vigilante con poderes telepáticos; diálogos vacuos, monólgos pseudofilosóficos, entornos monocromáticos sólo con detalles en colores chillantes, poses dramáticas y ominosos encuadres, trataban de dar profundidad a la historia de un tío en mallas que brincaba por los techos; al llegar a la parte donde se lía a golpes con una bodega llena de hombres armados con rifles automáticos, apagué el aparato; viendo el reloj me dí cuenta que casi era media noche, ya era demasiado tarde para que Alicia viniera así que así que me fuí a dar un baño para dormir.

Por la mañana, la luz del sol me despertó, me paré de un brinco, yo siempre dejo las cortinas cerradas, no sólo estaban corridas, sino que los cristales estaban limpios, aún las gotas de pintura y yeso que tuvieran por años se habían ido, mismo caso con el baño, el sarro y moho incrustado se habían ido, el azulejo pulido y el olor a drenaje reemplazado por el suave olor a canela; quizá lo más sorprendente fuera que aún las siluetas de grasa del piso y pared fueron eliminadas; revisando los cuartos confirmé que no faltaba nada.
Al bajar revisé puertas y ventanas, todo estaba cerrado y no parecía que hubieran intentado entrar por la fuerza, acababa de cambiar las chapas así que no tenía idea de lo que había sucedido, regresé a la cocina a lavarme las manos para preparar el desayuno, encontré un extraño residuo en la tarja, era transparente, tenía una consistencia viscosa y un suave aroma a canela, supongo que es la sustancia que usa para limpiar, pues cuando abrí el grifo, esa cosa hizo bastante espuma. Recibí una llamada; era ella, se disculpó por llegar tan tarde, le dije que no se molestara, que buscaría otra persona para hacer la limpieza.
Dijo que no era ninguna molestia, que el trabajo era sencillo y se le acomodaba a su horario. Dijo que me visitaría el miércoles. Colgó.

Alicia sigue visitando la casa por las noches, tres veces a la semana sin falta; de vez en cuando me llama, nuestras conversaciones siempre son breves y al punto, sólo pregunta si tengo algún requerimiento en especial, alguna camisa planchada, algo de comer.
Me gustaría que ya no viniera, a veces pienso que un día vendrá a pedir sus centavos acompañada por un puñado de malandros, o peór aún, un abogado. He tratado dejando notas acompañadas del dinero, pero no lo toma. Cuando hablamos por teléfono de su pago, siempre es la misma respuesta.
"Un día voy a ir a cobrarle."

Hoy encontré una de las viejas sartenes llena de pollo agridulce, me encanta el pollo agridulce.

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