Monday, December 07, 2015

El columpio

Salí de casa por la tarde, como suelo hacerlo para llevar a la bestia al parque, donde pueda buscar sustento entre la maleza. Se sentía el aire frío, ya estábamos en otoño y el sol sobre el cerro nos daría todavía unos 40 minutos de luz.
Al llegar al parque me encontré el equipo de fútbol infantil que practica por las tardes, corrían perezosamente alrededor de la cancha mientras el entrenador los observaba sentado sobre una roca bajo una lila. Curiosamente no ví a los corredores vespertinos, tal vez ya era muy tarde o símplemente cambiaron su rol; al cruzar la puerta de malla, solté la cadena del arnés y el animal corrió hacia la maleza, siempre trato de voltear a otro lado para no ver lo que hace, más aún así puedo escucharle, removiendo la hojarasca, rascando la tierra, mascando, tragando con dificultad.

En uno de los columpios se balanceaba un niño, era un niño regordete de cachetes rosados, realmente no recuerdo haberlo visto antes, o quizá nunca antes le puse atención, para ser franco no observo a los niños locales; un hombre solo en el parque viendo a los niños puede resultar sospechoso.

Recordaba una ocasión en que realicé el proyecto de construír juegos para un jardín de niños, un par de sube y bajas, un resbaladero y pasamanos, varios columpios, aquellos los había hecho de cercha,  éste era uno de esos columpios hechos con una llanta, miré al niño, noté que éste me miraba, con aspecto preocupado y los ojos muy abiertos, vi que se aferraba a la llanta, como si se estuviese resbalando dentro del mismo, fué entonces que me di cuenta que no se veían sus piernas bajo el columpio, de pronto el niño resbaló y desapareció dentro de la llanta.

Me acerqué con cautela al columpio, sin perderlo de vista, ya cerca lo observé detenidamente, era una llanta pequeña, muy gastada, seguramente de esos subcompactos que fueran populares antes de la guerra, tres ojillos metálicos sobresalían de la cara superior, y a éstos estaban sujetas tres cadenas que a su vez se unían en la parte superior del travesaño metálico, por un momento me sentí tentado a meter la mano dentro del hueco de la llanta, rápidamente recapacité y opté por tomar unas piedrecillas del suelo y las lancé dentro, para mi sorpresa, no cayeron, al menos no donde pudiera verlas, dejarlas caér, desaparecían al cruzar el columpio.

Intrigado, le quité la cinta a mi bota izquierda y con ella até el teléfono, usé la función de cámara con temporizador y bajé con cuidado el aparato por entre el neumático, como esperaba, éste no pareció cruzarlo, antes bien, era como si la agujeta terminara justo en un plano horizontal en el centro de la llanta, tirando un poco del cordel, pude ver que seguía teniendo tensión, así que podría recuperar el aparato, o al menos eso pensaba, pues de pronto sentí un tirón en el cordel y cuando jalé se había perdido el dispositivo. La tentación de meter la mano y buscar el teléfono fué grande, pero sabía que era una mala idea y tal vez lo que se me ocurrió después también lo fuera, pero en aquel momento fué lo único que me pareció sensato; lancé un montón de rocas dentro de la llanta y luego traje la más grande que pude cargar, entre empujones y resoplidos, logré levantarla y la dejé sobre el neumático, no sé, tal vez pensé que ésto evitaría que alguien más cayera dentro.

Llamé a la bestia, la cual regresó enseguida con sus patas mojadas en agua negra, le ganché la cadena y le arrastré a casa, ya ahí, le lancé al patio, y en el cuarto de herramienta busqué la segueta; tenía hoja para metal, así que esperaba no tener problema para cortar el neumático.

Regresé de prisa, ocultando la herramienta bajo la camisa manchada de silicón que uso para el mantenimiento de la casa. Para mi alivio, el columpio seguía como le había dejado, aún, parecía que ya nadie quedaba en el parque, perfecto; empujé la roca, pero por su peso, sólo hacía que el columpio se balanceara, se me ocurrió empujarla por debajo, pero pensándolo bien me pareció una terrible idea, así que opté por cortar así, como mejor pude, empujé el columpio con mi cuerpo y comencé a cortar por el lado contrario; el caucho cedió fácilmente, aunque las fibras reforzadas resultaron poco más resistentes al corte, aunque luego de un rato había logrado abrir toda la rodada, sólo quedaba un poco de material en las caras y los duros aros, decidí comenzar por el de abajo, a pesar del grosor avancé rápido, hasta escuchar un "pop", la cara de abajo estaba seccionada, sólo faltaba la de arriba, el cual resultó algo más complicada al estar justo debajo de la roca, así que tuve que acostarme sobre la piedrota y serruchar hacia arriba, sin embargo, el peso mío sumado al de la roca facilió la separación del material y antes de lo esperado, éste se rasgó y vine a caér en el terroso suelo sobre la piedra, me sorprendí que no me hubiera aplastado la mano, la segueta no fué tan afortunada y su hoja se rompió con el golpe, tomé los pedazos y los guardé, me levanté y me sacudí, miré a mi alrededor, seguía sin haber gente, ya estaba obscuro, en el cielo las estrellas parecían bien, así que sólo para cerciorarme, lancé unas piedras dentro del columpio, las cuales pasaron limpiamente a caér sobre la enorme roca que aún estaba debajo, satisfecho, empujé la piedra cerca de la malla ciclónica que rodea el parque y regresé a patear un poco la tierra bajo el columpio para ocultar mis huellas. Regresé a casa poco más aliviado aunque bastante empolvado.

La junta de vecinos decidió cobrarme los daños al columpio.

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