Friday, November 20, 2015

La boutique

Como una forma de complementar mi ingreso, hago pequeños trabajos en la ciudad, básicamente electricidad, plomería y mantenimiento general.
En una de esas ocasiones fuí llamado para hacer ciertos arreglos en el cielo falso de un local en el centro.


Llegué a lo que otrora fuera el mercado, una vieja construcción que datara de la colonia, grandes arcos de piedra enmarcan las entradas, y bajo ellos a modo de puerta, gruesas rejas de forja; a pesar de su antigüedad, éste edificio se encuentra restaurado, pintado en un sobrio color crema y contando aún con algunas de las puertas originales en buen estado, dándole un aire como de fortificación o pequeño castillo; lo que fueran almacenes de grandos han sido convertidos en pequeños pero lujosos locales donde se vende joyería, ropa y artículos de decoración; mi destino era el número 19; estaba ubicado en un esquina interior que comunicaba el patio central con el ala poniente, una serie de ventanales daban al corredor empedrado, por el lado del patio, una pequeña verja resguardaba un pequeño y muy cuidado jardín, con pasto y redondeados arbustos, enmedio, había una especie de estatua, una maleta metálica que brillaba al sol.

Por dentro, la tienda era amplia y muy iluminada a pesar de las traslúcidas cortinas, aquí y allá había mesitas con maniquíes en multicolores atuendos, repisas con bisutería, pero sobre todo me llamó la atención un cuadro sobre un atril, con dos fotografías, la primera, una mujer de cabello blanco y corto, de ojos grandes, muy arreglada, la dueña del local, la segunda una jovencita, con peinado ondulado y muy esponjado, sonrisa nerviosa y nariz pecosa, su "bella" asistente, ¡así decía!, no recuerdo los nombres.


Las mujeres me recibieron amablemente, me indicaron dónde se encontraba el cuarto de servicio, la escalera y claro, los desperfectos que había que arreglar. El trabajo era sencillo, sólo era de cambiar algunas balastras y limpiar pantallas, afortunadamente tenían repuestos en el almacén, así que pude realizar los cambios rápidamente y aprovechando que ya estaba encaramado en la escalera revisé las otras lámparas buscando tubos quemados.

Entretenido entre el cableado, apenas noté que había llegado una clienta, la cual luego de curiosear un momento, se acercó con la asistente, hablaron entre sí un rato, aunque pude ver cómo la clienta se molestaba cada vez más y comenzaba a hacer ademanes, sólo entendí que preguntaba algo acerca de un tratamiento; eventualmente se acerco la dueña, quien con toda propiedad trataba de calmarla, la asistente llevaba entre sus manos un dispositivo electrónico, del tamaño de una hoja de máquina, en él se veían imágenes de ropa y bisutería, que señalaba y tocaba para que cambiaran y nerviosamente se las mostraba a la clienta que se mostraba cada vez más molesta.

¡Si tienes que pedir un símbolo, no lo mereces! - Sentenció finalmente la mujer, la jovencita apretó el aparato contra su pecho ya abrió mucho los ojos, esperando una violenta reacción de la clienta, la cual, enfurecida y humillada dió la vuelta y se largó.

Pude ver una sonrisita de satisfacción en la mujer y cómo su asistente tenía la boca entreabierta, sin duda impresionada por el impecable manejo de un cliente agresivo por parte de su jefa, en su asombro, bajó los brazos, pude ver un poco de lo que mostraba el aparato; un video, una playa rocosa, un hombre musculoso tendido sobre una toalla, se acomodaba, pude ver que no tenía cabeza, o no se veía por la posición es difícil saberlo, pues enseguida, a su lado, pude ver una mujer cuyos brazos habían sido cosidos o pegados a su cuerpo, sus piernas también estaban unidas entre sí y se arrastraba entre contorsiones, como un gusano.

Me pagaron generosamente por mi trabajo, compré una pizza.

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