Saturday, June 13, 2015

Mis acompañantes

Bien dicen que donde hay uno, habrá otro, y otro, y muchos más...
Así pues, luego de la llegada de mi acompañante, no me extrañó que llegaran más.

Más grandes, más pequeños, más delgados, más rechonchos, sólo vagan de aquí para allá, consumen, se mantienen juntos, no dicen nada. Más parecen actuar por instinto, o como una burda imitación antes que por una decisión propia; la comida es servida, revuelta y apenas probada, las señales de prueba y estática parecen ser sus programas favoritos; aunque les gusta el azúcar y las luces brillantes.

 Con el tiempo comencé a detectar patrones, uno de ellos gusta de observar cosas, cualquier cosa, en cierta ocasión lo encontré en una habitación de pie mirando hacia arriba, siguiendo su mirada dí con una pequeña mancha de humedad, estábamos en temporada de lluvias así que no le dí importancia, aunque traté de recordarlo para hacer las reparaciones pertinentes en cuanto pudiera. Varias semanas después, seguía observando la mancha.
Hay un par que gusta de estar juntos, y sentarse a ver el televisor, o más bien, escucharlo, pues no es tan importante el programa a diferencia del sonido, pues una charla calmada o escenas sin diálogo pierden su atención y eventualmente se levantan a vagar por la casa; uno de ellos prefiere la estática, otro los patrones de prueba.
 Otro, es violento, o al menos ejerce lo que supongo y para ellos es su equivalente, pues al entrar en una habitación, eventualmente los demás tienden a abandonarla; no puedo escuchar nada, no puedo ver nada, sólo eventualmente se van. Gusta de comerse las medicinas del botiquín.
 Otro prefiere merodear por fuera de la casa, a veces entra, luego vuelve a salir.
El último que llegó y el más pequeño, también es el más asustadizo, pues suele abandonar la habitación en cuanto entro, o buscar lugares obscuros, en cierta ocasión le vi esconder algo entre sus manos, no he podido ver que es, pero desde entonces lo llega consigo.
Y claro, mi acompañante, a quien ya casi no he visto.
 
En algún momento me pareció buena isea sacarles en el coche, tal vez con la esperanza de que algo sucediera y en cierto momento, se fueran; que entraran al vehículo fué más fácil de lo que creí y contrario a toda expectativa se acomodaron más de los que creyera posibles, partí optimista con única nube el que no estaban todos, pero no importaba.
Luego de horas de conducir por aburridas carreteras llegamos a nuestro destino, todavía caminamos hasta muy entrada la madrugada, con la luna llena iluminando el páramo; ahí estuvimos un rato, mis acompañantes, haciendo lo que cotidianamente hacen, merodear por ahí, sentarse en silencio, mirar al vacío; yo pensaba en que podría aprovechar para deshacerme de ellos, no podía echarlos, aún no tengo la certeza de que entiendan completamente mis palabras, lo opción de tomar un palo y darle con él al más cercano, me resultaba tentadora, al igual que símplemente correr hasta el coche y esperar lo mejor, sin embargo, eso era lo peór, no podía imaginarme que pasaría si ésto no funcionaba, cuál sería su reacción, hasta el momento han sido apacibles, y si bien su presencia resulta algo inquietante alivian el tedio de la vida cotidiana, quizá hasta sean un disuasivo para los ladrones; En cualquier caso decidí que era suficiente, así que me dirigía al vehículo, abrí la puerta y les invité a subir.
En breve todos estuvieron dentro y partimos de regreso a casa.

El camino de vuelta ocurrió sin contratiempos salvo que en cierto punto escuché ruidos en el asiento trasero, masticaban,  tragaban; no quise voltear a ver, no quiero imaginarlo, no quiero saber.

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