Monday, June 29, 2015

One punch man


Saitama era un chico normal, aunque en un mundo habitualmente atacado por monstruos y seres misteriosos, ésto lo hacía particularmente vulnerable; un mal día, de mal humor y desempleado, se topó con uno de esos monstruos, fué entonces que algo nació en él, o acaso murió su viejo yo, el caso es que decide que ha sido suficiente de abuso por parte de los monstruos y comienza a enfrentarles.

Después de su primera batalla comienza a entrenar: 100 sentadillas, 100 abdominales, 100 lagartijas y 10km de trote diario, con el tiempo, éste arduo trabajo dió resultado, lo comenzó a notar porque perdió todo el cabello y claro también porque puede derrotar a sus enemigos de un golpe.

Así comienza su aventura en el mundillo de los héroes, donde como tal, rápidamente se hace de un némesis, toma un aprendiz(un tremendamente poderoso cyborg) y decide registrarse entre los héroes oficiales, para recibir un pago por los monstruos que destripa.

Quizá lo más importante sea la construcción del mundo, los roles de los héroes, sus clasificaciones, forma de pago, requisitos para el ingreso; aún el conocer un poco de cada héroe resulta interesante y hasta resulta un cambio agradable al mover constantemente el foco del protagonista a cualquier otro personaje,  pues se siente un universo vivo, donde cada quien tiene un rol, no sólo son tipos que se dan de golpes o un costal que debe golpear el protagonista; aún así sirve como un excelente apertura para el efímero clímax de Saitama eliminando al enemigo en turno con el impresionante despliegue del poder de un sólo golpe.


Ya mencioné que el arte es glorioso y a momentos más que un storyboard parece una serie de keyframes de animación?Pues lo es.



One punch man, es un excelente manga de peleas, que pasa por todos los clichés del género, los invierte, juega con ellos y se divierte; a final de cuentas es un increíble viaje por el mundo superheróico donde todo comienza(y termina) con un golpe.

Ah, la animación está en el horno, y con un poco de suerte, no será terrible.

Saturday, June 13, 2015

Mis acompañantes

Bien dicen que donde hay uno, habrá otro, y otro, y muchos más...
Así pues, luego de la llegada de mi acompañante, no me extrañó que llegaran más.

Más grandes, más pequeños, más delgados, más rechonchos, sólo vagan de aquí para allá, consumen, se mantienen juntos, no dicen nada. Más parecen actuar por instinto, o como una burda imitación antes que por una decisión propia; la comida es servida, revuelta y apenas probada, las señales de prueba y estática parecen ser sus programas favoritos; aunque les gusta el azúcar y las luces brillantes.

 Con el tiempo comencé a detectar patrones, uno de ellos gusta de observar cosas, cualquier cosa, en cierta ocasión lo encontré en una habitación de pie mirando hacia arriba, siguiendo su mirada dí con una pequeña mancha de humedad, estábamos en temporada de lluvias así que no le dí importancia, aunque traté de recordarlo para hacer las reparaciones pertinentes en cuanto pudiera. Varias semanas después, seguía observando la mancha.
Hay un par que gusta de estar juntos, y sentarse a ver el televisor, o más bien, escucharlo, pues no es tan importante el programa a diferencia del sonido, pues una charla calmada o escenas sin diálogo pierden su atención y eventualmente se levantan a vagar por la casa; uno de ellos prefiere la estática, otro los patrones de prueba.
 Otro, es violento, o al menos ejerce lo que supongo y para ellos es su equivalente, pues al entrar en una habitación, eventualmente los demás tienden a abandonarla; no puedo escuchar nada, no puedo ver nada, sólo eventualmente se van. Gusta de comerse las medicinas del botiquín.
 Otro prefiere merodear por fuera de la casa, a veces entra, luego vuelve a salir.
El último que llegó y el más pequeño, también es el más asustadizo, pues suele abandonar la habitación en cuanto entro, o buscar lugares obscuros, en cierta ocasión le vi esconder algo entre sus manos, no he podido ver que es, pero desde entonces lo llega consigo.
Y claro, mi acompañante, a quien ya casi no he visto.
 
En algún momento me pareció buena isea sacarles en el coche, tal vez con la esperanza de que algo sucediera y en cierto momento, se fueran; que entraran al vehículo fué más fácil de lo que creí y contrario a toda expectativa se acomodaron más de los que creyera posibles, partí optimista con única nube el que no estaban todos, pero no importaba.
Luego de horas de conducir por aburridas carreteras llegamos a nuestro destino, todavía caminamos hasta muy entrada la madrugada, con la luna llena iluminando el páramo; ahí estuvimos un rato, mis acompañantes, haciendo lo que cotidianamente hacen, merodear por ahí, sentarse en silencio, mirar al vacío; yo pensaba en que podría aprovechar para deshacerme de ellos, no podía echarlos, aún no tengo la certeza de que entiendan completamente mis palabras, lo opción de tomar un palo y darle con él al más cercano, me resultaba tentadora, al igual que símplemente correr hasta el coche y esperar lo mejor, sin embargo, eso era lo peór, no podía imaginarme que pasaría si ésto no funcionaba, cuál sería su reacción, hasta el momento han sido apacibles, y si bien su presencia resulta algo inquietante alivian el tedio de la vida cotidiana, quizá hasta sean un disuasivo para los ladrones; En cualquier caso decidí que era suficiente, así que me dirigía al vehículo, abrí la puerta y les invité a subir.
En breve todos estuvieron dentro y partimos de regreso a casa.

El camino de vuelta ocurrió sin contratiempos salvo que en cierto punto escuché ruidos en el asiento trasero, masticaban,  tragaban; no quise voltear a ver, no quiero imaginarlo, no quiero saber.