Sunday, July 27, 2014

Congelada

Elsa y Ana son hermanas, aunque han estado separadas desde su niñez, ambas son princesas de un lejano país del norte, su vida cambia radicalmente con la muerte de sus padres, pues se verán por primera vez en muchos años para la coronación de Elsa quien es la heredera al trono.
Elsa vive recluída en el palacio, en su habitación; Ana, al principio, sólo habla con ella a través de la puerta recordando las pocas memorias que comparten de su infancia, eventualmente Elsa deja entrar a Ana y le cuenta acerca de sus padres, pues ella siendo mayor tiene un mejor recuerdo y una pintura de antes de que Ana naciera. Finalmente muy seria, Elsa le pregunta a Ana:
¿Puedes ver algo diferente en mí? -
 No - Es la respuesta.
Tengo un secreto, por el cual no puedo ascender al trono. -
Ana, confundida, sale de la habitación. Elsa, por su parte, avergonzada huye del palacio, hacia la montaña, donde conocemos su secreto, tiene poderes, poderes que controlan los elementos, como el agua y el viento, mismos que usa para construír, en ese mismo sitio, un palacio de hielo, donde se refugia de sus temores; andando por el gran salón helado golpea los largos carámbanos que cuelgan del techo, se ve poderosamente atraída hacia el centro del palacio, donde cruza arcos góticos cada vez más grandes para acceder a las cámaras más interiores, es un camino solitario, obscuro y frío; en su fascinación por la estructura no se da cuenta de que el hielo comienza a derretirse y empapar su vestido.
Al llegar a la séptima cámara, en el corazón mismo de la montaña de hielo, Elsa se encuentra rodeada por relucientes paredes de cristal, reflejan su imágen distorsionada, filtran la luz, el agua se encharca en el suelo, no encuentra la salida, empapada muere de hipotermia, su última palabra es "hermana".
 En palacio se organiza una búsqueda, se cuestiona a Ana por el paradero de su hermana, eventualmente se da con el palacio helado y a la futura reina congelada.
Ana decide asumir el rol de su hermana y asciende al trono.

Un momento...

Saturday, July 12, 2014

Mi acompañante

Una noche, mientras me revolvía en la cama tratando de conciliar el sueño, mi brazo dió con un bulto del lado de mi esposa, no me hubiese extrañado, de no ser porque ella ya no estaba aquí, ya no más; si bien, apenas y lo sentí por encima de las sábanas de inmediato me dí cuenta que era algo grande y frío; por una mezcla de temor y cuidado dejé mi mano donde estaba, así pude sentir su textura, rugosa, casi quitinosa, pues ésto se movía, tal vez respiraba, aunque con una larga y lenta inspiración seguida de una serie de repentinas exhalaciones; ¿deje abierta la ventana? pensé, ¿acaso será un gato?, otro de los animales que merodean por las azoteas, quizá una serpiente o una iguana... Eso deseaba, más mi acompañante era más grande, más que el gato más grande y más calvo que jamás hubiera visto, o tocado...
Reprimí el deseo de gritar o encender la luz, pues ésto alertaría a mi acompañante, pensé en mi herramienta al lado de la cama, ¿sería tan rápido como para levantarme, tomar el martillo y dar cuenta de lo que estaba conmigo en la cama antes de que éste reaccionara?
Permanecí inmóvil por minutos que parecieron horas, temía la llgad de la claridad de la mañana y sus ruidos, pero temía más a la alarma del despertador.
Mi acompañante se estremeció, y giró haciendo a un lado mi mano, en ese instante me dejé caér de la cama, tomé el martillo, y me levanté al tiempo que accioné el interruptor.
La lámpara fluorescente parpadeó un poco y luego llenó el cuarto con su amarillenta luz, entonces pude ver a mi acompañante, una larga cabeza calva, con piel de color y textura como el cuero, su boca era una delgada línea, tal como lo era su nariz, vestía la preciosa bata de satín de mi esposa.
La luz le molestó y abrió sus ojillos enteramente negros.
- Amor, ya duérmete, mañana sigues trabajando.

Mi acompañante nunca se fué, casi todo el tiempo se la pasa en la cama, aunque suele acompañarme a la mesa, a ver el televisor, o símplemente vaga por la casa, cuando se asoma por la ventana, los gatos vecinos le miran fijamente, por su parte, los canes enloquecen ladrando.

A veces creo que con una peluca, maquillaje y la ropa adecuada podríamos salir, aunque realmente no me he atrevido a tocar el tema, ni éste ni ningún otro; también agradezco que tenga el mismo apetito sexual que tuviera mi esposa.