Monday, July 26, 2010

Splice


En IMDB

Imagina por un momento que se pudiera mezclar el código genético de una creatura con la facilidad de reemplazar un bloque de una construcción. Pues bien, esta es la premisa de esta cinta, en la cual un par de científicos conducen la investigación que busca la creación de nuevas especies a través de una recombinación genética para a través de estas creaturas de diseño, obtener proteínas y otras sustancias útiles para el tratamiento de enfermedades y poder llegar en un momento, al cultivo de órganos para transplante.
Cuando los inversionistas del laboratorios exigen y se comiencen a desarrollar productos en detrimento de la ciencia pura; el par de científicos se niegan a abandonar su sueño y perseveran en su ideal, un híbrido humano.

A partir de aquí no son más que las aventuras de este par por esconder a la extraña entidad de probeta, su desarrollo y las inesperadas consecuencias que vienen cuando alcanza la madurez.
Tiene buenos momentos desde su concepción misma y complicado nacimiento,
pero quizá lo mejor sea el diseño de la creatura, su metamorfosis y desarrollo de cierta manera se ve lógico, refleja las etapas tempranas en el desarrollo de otros animales, aunque al combinar todas ellas resulta bastante ineficiente para funcionar en estado silvestre, y aún en el entorno controlado del laboratorio resultaría difícil mantenerlo de manera adecuada, tal vez esto se podría explicar por la mezcla inicial de información genética que también debió afectar la velocidad y etapas de desarrollo de la creatura; dado que el simulador sólo calculaba la viabilidad del organismo y no su desarrollo sería comprensible que los científicos no supieran que esperar del bicho, salvo que sería viable. Esto sin duda la mejor parte.

Luego se exponen los traumas y bajas pasiones de los protagonistas y se le trata de dar una razón lógica para la creación del bicho, esto se siente algo forzado y que no es más que una excusa para darle cierta carga emocional a los científicos. Si, se incluye xenofilia.

El desenlace es bastante predecible y el exceso de elementos fantásticos de cierta manera rompen la consistencia que había tenido hasta este momento la cinta y de cierta manera manchan lo que hubiera sido de esta una buena historia de ficción.

Splice, al final no es más que una curiosidad, en momentos interesante, en momentos graciosa, en momentos exagerada, pero al final olvidable.

Sunday, July 04, 2010

El monolito

Necesitamos un Dios. - Dijo la chamana a los ancianos.
Los ancianos la miraron extrañados, en todos sus años jamás habían visto la necesidad de algo así en la aldea.
Servirá para hacernos imponer respeto, leyes, será el centro de la aldea... -
Mientras la mujer hablaba los ancianos seguían confundidos, en la aldea no había más de 50 personas todas con fuertes lazos familiares.
Los Mutianos tienen una gran estatua, haremos una nosotros. - Seguía diciendo la mujer mientras dibujaba en el piso con una vara.
La haremos igual que ellos. - Finalizó mostrando a los demás ancianos los garabatos que había hecho en el suelo.

Así, un grupo de artesanos y cargadores fueron enviados a la cantera a cortar una piedra los suficientemente grande para plasmar en ella la imágen del Izkiote, que así se llamaría el Dios de la aldea.
Con cuidado buscaron una pared del color adecuado y por días cincelaron la silueta de la ciclópea figura, a la semana, la chamana se presentó con los trabajadores y les entregó una estatuilla de barro.
Este es el Izkiote, su imágen debe estar en la estatua que están labrando. - Dijo la chamana y se retiró.
Los martillos golpearon los cinceles y éstos cortaron la piedra para liberar al Izkiote de su prisión.
A las tres semanass la chamana se presentó con los trabajadores y les entregó una estatuilla de barro.
Este es el Izkiote, su imágen debe estar en la estatua que están labrando. - Dijo la chamana.
Este es el Izkiote, su imágen debe estar en la estatua que estamos labrando. - Dijo la uno de los canteros mostrando la anterior estatuilla.
La chamana tomó la anterior estatuilla y la arrojó contra el suelo haciéndola pedazos.
Este es el Izkiote, su imágen debe estar en la estatua que están labrando. - Dijo la chamana señalando la nueva estatuilla y se retiró.
Los martillos golpearon los cinceles y éstos cortaron la piedra para liberar al Izkiote de su prisión.

Tres veces volvió la chamana, tres veces rompiendo la anterior estatuilla y entregando una nueva. Tres veces los cinceles repasaron viejas líneas y rebajaron curvas que ya no existían.

Luego de meses de picar piedra, la gran estatua fué arrastrada hacia la aldea siendo rodada sobre troncos.
Todo aquel que pase frente al Izkiote deberá ponerse de rodillas y alzar una plegaria. - Pregonaba la chamana
La gran mole era arrastrada por enemedio de la aldea
Al principio del día, todos darán gracias al Izkiote - Pregonaba la chamana
El monolito era colocado a un lado de lo que sería su base.
Al medio día todos darán gracias al Izkiote - Pregonaba la chamana.
La gran imágen del Izkiote era alzada por los fuertes brazos de los canteros que jalaban las cuerdas que erigían al nobel símbolo de su pueblo, pero la piedra se fracturó, la base se deslizó y a 12 de ellos la piedra aplastó.

¿Cómo pudo haber pasado esto? - Se preguntaban los ancianos con dolor.
Es que no tienen fé - Contestó la chamana.

Saturday, July 03, 2010

El agujero de conejo

Todos conocían al capitán, era famoso por sus historias, en estas hablaba de aquello que había visto en sus muchos viajes por el infinito cielo; igual hablaba de curiosos tiburones que cantaban, de pequeños dragones que se podían esconder en un calcetín y hongos que servían de silla. Sin embargo, en esta ocasión su historia era más sorprendente y aún intrigante, hablaba de un conejo, un conejo gigante que se escondía entre la maleza del bosque; Carlitos, uno de los presentes, quedó fascinado por la historia del viejo, y esa noche se fué a la cama pensando en ese mítico gran conejo.

Al otro día, muy temprano salió de su casa con el fin de dar con el fantástico animal, pasó horas recorriendo el bosque, buscó bajo los matorrales, buscó por el estanque, buscó en la cañada y hasta buscó en la vieja cantera, no fué hasta ya entrada la tarde cuando a su paso por el viejo árbol del muñón vió algo que nunca había visto antes, era un enorme conejo, gordo, rojizo, de pelo sucio y dientes amarillos. Carlitos no lo podía creer, el conejo era real, pero apenas y dió un paso, este se espantó y se internó en un agujero bajo el enorme árbol.

Carlitos regresó corriendo a su casa, donde le contó a todos que había dado con la madriguera del increíble animal y que a la mañana siguiente volvería y lo capturaría.

Por la mañana, muy temprano, Carlitos tomó su equipo, largas y fuertes sogas, una buena lámpara con suficiente aceite, pabilos y chisperos de repuesto, algunos víveres para el camino, además de brújula y una pequeña libreta de notas.

Su viaje hacia el subterráneo mundo del conejo no podría resultar más sencillo, sólo habría que caminar por el túnel hacia las profundidades.

Pero Carlitos pronto se encontró con compañía, en uno de los primeros recodos del túnel se encontró con un hombre gordo y medio calvo vestido de mujer
Deja al conejo en paz, no lo molestes, ¡es mío! - Dijo el hombre
Carlitos le preguntó el porque usaba vestido y peluca:
Es mi disfraz para que el conejo no me tenga miedo. - Contestó el hombre muy serio.
Carlitos desconfiaba de este hombre que lo amenazaba en ir con el comisario si algo le pasaba al conejo.
El conejo es mío, no lo debes molestar porque está enfermo - Decía el trasvestido.

Al siguiente día Carlitos se encontró de nuevo con el horrible hombre vestido de mujer que de nuevo lo seguía, lo fastidiaba con largas peroratas, lo maldecía, se bulaba de él y pateaba la tierra levantando nubes de polvo, pero así como llegó, de pronto hizo silencio y se perdió en la obscuridad de la cueva, inmediátamente Carlitos notó un olor nauseabundo, como de putrefacción, cubrió su boca con un pañuelo y continuó, el túnel desembocaba en un una cámara llena de excremento, Carlitos casi cae de espaldas en cuanto su lámpara iluminó una serpiente que se enroscaba y silbaba amenazadoramente, pero Carlitos vió que era una serpiente pequeña, una de esas pequeñas culebras del agua que no tienen veneno, ya pasado el susto, continuó su camino, hacia el fondo del túnel.

Con el paso de los días, las noticias de la búsqueda de Carlitos llegaron a oídos de la princesa del castillo Verde, quién no tardó en llegar con él, luego de que éste la saludara con reverencia, ella lo exaltó por lo valeroso de su empresa y como regalo le entregó dos cristales.
Deja uno en la entrada; cuando necesites regresar, clava el otro en el suelo, ¡Quiero ese conejote!. - Le dijo, y se marchó.

Ese día, Carlitos encontró al viejo Don Modesto, fumando a la entrada del agujero, sentado sobre una de las raíces del viejo árbol.
Si sigues bajando, ya no podrás subir. - Le dijo.
Carlitos le saludó, y le señaló el regalo de la princesa, él siempre podría regresar.
Don Modesto volvió a saludar a Carlitos y siguió fumando.

Carlitos ese día llegó a otra cámara, donde muchas siluetas humanas se dibujaban contra su luz, al acercarse vió que se trataba de estatuas, todas ellas deformes, de pronto, un silbido lo hizo girar bruscamente, ahí vió a una mujer, pálida, famélica, con delgadas serpientes por cabellos, se cubría el rostro con sus manos, y rehuía de la luz, Carlitos pudo ver que estaba ciega, y a su lado había un martillo y varios cinceles junto a un bloque de piedra del que comenzaba a notarse una figura humanoide.

Pero ahí no estaba el conejo.
Carlitos siguió bajando, cada vez más y más...

Carlitos ese día llegó a una habitación pequeña, parecía un pequeño dormitorio, donde se encontró con 2 niñas, una de piel morena y la otra de piel blanca, ambas lucían aterrorizadas y sucias, Carlitos las vió cómo desgarraban su ropa y se revolcaban en el suelo, para luego atragantarse con la comida sobre la mesa y pelear la una con la otra.
Carlitos asustado, les preguntó por qué hacían aquello.
Papá ha dicho que si nos portamos bien podremos tener otra hermana - Dijo la primer
No queremos que una tercera hermana - Dijo la segunda
Carlitos les preguntó el por qué sería tan malo tener una hermana, él mismo tenía varias y no le resultaba molesto.
Si es más bella que nosotras - Contestó la una
Ya no nos querrá. - Contestó la otra

Pero ahí no estaba el conejo.
Carlitos siguió bajando, cada vez más y más...

Carlitos ese día llegó a una cámara, donde se encontró con un hombre agazapado en una esquina, armado y preparado para la batalla. Carlitos se presentó y le preguntó al hombre a qué le teme.
Tengo miedo de los hombres - Contestó el hombre en armadura.
Carlitos le preguntó por qué no se temía a sí mismo.
Yo soy un caballero - Contestó el hombre en armadura.
Carlitos le preguntó por qué no le temía a un niño que en algún momento llegaría a ser un hombre.
Todavía no eres un hombre, por lo tanto, no te temo - Contestó el hombre en armadura.

Pero ahí no estaba el conejo.
Carlitos siguió bajando, cada vez más y más...

Carlitos ese día llegó a una gruesa puerta de madera, al otro lado se escuchaba ruido, chirridos, silbidos, golpes; pero tras tocar la puerta, el ruido cesó.
Abrió la puerta una pequeña mujer, más pequeña que él, de colorida piel y extraños ojos, sobre la mesa había una máquina, trozos de metal oxidado, madera y cuero unidos precariamente con clavos, tornillos y cuerda.
Carlitos no sabía mucho de máquinas, pero sabía que no eran así, pero para no incomodar a la pequeña mujer no dijo nada al respecto.
¿Tú que sabes del arte? - Le preguntó la pequeña mujer como si le leyera el pensamiento. - Mi creación, ¡es perfecta!

Pero ahí no estaba el conejo.
Carlitos siguió bajando, cada vez más y más...

Carlitos ese día llegó a una gran sala, de las paredes rocosas pendían viejos retratos de personas con rostros graves y enfermizos, durante su paso por la habitación sentía sus miradas, parecía como si lo miraran, lo juzgaran, lo acusaran; Carlitos caminaba sin levantar la vista, sin hacer ruido, no quería levantar la cabeza y darse cuenta que era observado por multitud de pares de ojos sin vida.

Pero ahí no estaba el conejo.
Carlitos siguió bajando, cada vez más y más...

Carlitos ese día llegó a otra cámara, donde había un pequeño escritorio y muchos libros, en ellos se hablaba del conejo, su gran tamaño, sus orejas y rojo pelo, mas no decía donde estaba; entre uno de los libros, aquel atiborrado de indescifrables garabatos, estaba dibujado una especie de mapa, podría decirse y retrataba la caverna que estaba explorando, de no ser por su extraña geometría, en un extremo, pareciera como si los túneles se torcieran, se abrieran como flores y volvieran a incorporarse a la galería principal, sólo que ahora por el exterior.

Pero ahí no estaba el conejo.
Carlitos siguió bajando, cada vez más y más...

Carlitos ese día llegó a otra cámara, ahí, sentadas cada una en sendas sillas, había decenas de muñecos en derredor de un hombre sentado al lado de una lámpara.
El hombre tiene en sus manos un libro.
El ganglio aquiloso de las papulas vertebradas carece de arenímolas destragantes... - Lee el hombre a los juguetes.
Carlitos se disculpa por interrumpir, saluda, se presenta y le pregunta al hombre por qué lee en voz alta.
Si yo no los educo, nadie lo hará - Es su respuesta y sigue leyendo.

Pero ahí no estaba el conejo.
Carlitos siguió bajando, cada vez más y más...

Carlitos ese día llegó a otra cámara, de inmediato lo recibió un ligero gruñido que hizo se le erizara el cabello, se quedó petrificado y aún había dejado de respirar, podía escuchar cómo los resoplidos y gruñidos se acercaban tras él, pero él no se podía mover, pero viendo en el reflejo del cristal de su lámpara vió que se trataba de una mujer, una mujer vestida con pieles.
Carlitos entonces le saludó y le preguntó por la razón del disfraz.
Me visto de león para espantar a los enanos. - Contestó la mujer
Carlitos estaba confundido, no tanto por el plan de asustar a los enanos, sino porque ella estaba vestida con la piel de un tigre.

Pero ahí no estaba el conejo.
Carlitos siguió bajando, cada vez más y más...

Carlitos ese día llegó a otra cámara, era más grande y profunda que las que había pasado antes, la luz de su lámpara se perdía en la obscura inmensidad de la caverna.
Carlitos llamó una vez.
Aquí - contestó una lejana voz.
Carlitos llamó otra vez.
Tú - contestó la voz.
Carlitos volvió a llamar varias veces siempre obteniendo respuestas cortas y confusas, caminaba siguiendo la fuente del sonido, luego de caminar un rato llegó a un túnel que descendía aún más, volteó hacia atrás y volvió a llamar.
Eco - fué la respuesta.

Pero ahí no estaba el conejo.
Carlitos siguió bajando, cada vez más y más...

Carlitos ese día llegó a una cámara iluminada por antorchas, adornada con tapices, y alfombras; al fondo, custodiado por guardias armados, se encontraba un trono, ahí sentado, se encontraba el horrible hombre trasvestido.
- Soy el emperador, y te ordeno que te vayas.
Carlitos le hizo una temerosa reverencia y le preguntó el porqué dejaba que tantas personas y monstruos vivieran en el túnel, además de su conejo.
- Porque sólo soy el emperador de esta cámara, y no molestes al conejo, es mío, está enfermo.
Carlitos tenía miedo de este hombre, pero vió que las armaduras estaban sostenidas por cuerdas de una estructura de madera anclada al techo.

Pero ahí no estaba el conejo.
Carlitos siguió bajando, cada vez más y más...

Carlitos ese día llegó a una cámara iluminada por una luz diáfana, el aire se sentía pesado y viciado, hojas secas y madera podrida se amontonaban en los rincones de la bóveda, pero ahí Carlitos vió al enorme conejo, gordo, rojizo, de pelo sucio y dientes amarillos. Carlitos no lo podía creer, había dado con la madriguera del conejo; lo miró por un momento devorar ávidamente verdes ranas pero apenas y dió un paso, este se espantó y corrió hacia él con sus brillantes ojillos malvados y sus largos dientes amarillos, Carlitos echó a correr, al voltear hacia atrás sólo podía ver al enorme conejo rojo corriendo tras él, entonces recordó los cristales que le diera la princesa y casi sin saberlo, activó uno de ellos y volvió a la superficie, había dejado atrás el larguísimo agujero y sus muchas cámaras, el aire viciado y los monstruos, la soledad y la gente perdida, había vuelto a la luz, pero sabía que la obscuridad siempre la llevaría consigo.

Epílogo
Aún años después de aquel incidente, Carlitos piensa que el agujero continúa por siempre y curiosamente aquellos que buscan su fondo, son aquellos que terminan minando sus más recónditos pasajes... No hay vida en el abismo.