Tuesday, December 16, 2008

Quería un gato negro

Quería un gato negro, negro, negro

Siempre me han gustado los gatos, hace ya muchos años tenía un gato, era uno atigrado al que le gustaba morder y arañar cada que intentaba levantarlo, pero no era lo mismo, quería un gato negro, en alguna ocasión tuvimos una gata negra, la cuál curiosamente llegó a tener sus gatitos entre las jardineras del patio trasero; en cierta ocasión corté sus bigotes y aún intenté incinerarla con un lanzallamas casero, no pregunten por qué, era pequeño y consideraba a los animales como juguetes móviles.
Después de tener a su camada, la gata negra fué mudada(junto con sus gatitos) a casa de los tíos, todos ellos murieron al comer ratas envenenadas.
Con el tiempo, el gato atigrado también murió, triste fué el que a pesar de haber sobrevivido a incontables noches de peleas callejeras contra otros gatos(algunos de ellos negros), su muerte se debiera a envenenamiento, probablemente de la mima forma que la gata negra.
Hasta hace poco, fué que en el crucero donde espero el colectivo cuando ví o al menos noté por primera vez, la presencia de un gato negro, era un gato grande, de profundos ojos y larga cola, estaba ahí, a un lado de la acera como si nada sucediera en el mundo; como a todos los gatos, le tendí la mano, pero como pocos gatos, éste no se escabulló, ni siseó, ni intentó morder, o arañar, antes bien se dejó acariciar y rascarle el cuello(a los gatos les encanta).
A partir de ese día seguí viendo al gato, al principio sólo lo saludaba de la manera habitual, y aún le llevaba sobras de la mesa; pero eventualmente comencé a platicar con él,(si se escucha extraño, pero el platicar con los animales(plantas y hongos) es súmamente relajante), me miraba con sus grandes ojos muy abiertos y orejas atentas, platicábamos por horas, realmente no puedo asegurar que me entendiera todo lo que decía o aún si en verdad tuviera interés, antes bien parecía como si quisiera ver hasta que grado estaba dispuesto a comunicarme con un felino, o tal vez sólo se divertía con la sarta de tonterías que le comentaba, eso sí, siempre me escuchaba con suma atención y con esos grandes ojos muy abiertos, nuestras pláticas eran largas y tendidas, esto al extremo de no entrar a algunas clases y pasarme largas horas en lugares extraños siguiendo al félido amigo.
Pienso y llegamos a ser amigos, pues además de nuestras cotidianas pláticas en la calle, solía verlo desde casa a través del frío cristal en sus obscuras noches de vagancia, además de que en algunas ocasiones aún le acompañaba en sus andanzas con sus peludos amigos; nos pasamos horas de sano entretenimiento el uno con el otro. Aún desde la casa solía verlo a través del frío cristal en sus obscuras noches de vagancia...
Pero hubo un día en el que ya no volví a ver al gato negro, ni esperando el colectivo ni a través del cristal, en vano esperamos ver su larga cola o sus inquisitivas orejas, se había marchado...

Tenía un gato negro, negro, negro...

1 comment:

kittie^^ said...

ermoosoooo *w*
..yo amo a los gatos negrooos!! ♥.♥ tenia uno y murio extrañamnt.. u,u