Thursday, February 01, 2007

Maeglin Arcamenel

Historia


Maeglin Arcamenel, es un mago élfico; hijo de Gamelin, un famoso hechicero, notable por el descubrimiento del hechizo que permitía a los guerreros elfos, blandir una espada larga. Este descubrimiento fué decisivo durante la gran guerra, pues permitió a la infantería élfica una mayor capacidad ofensiva en el frente. Después de la guerra, Gamelin partió a la tierra de los hombres, pues había oído de boca de los combatientes, que los mortales habían construído máquinas mágicas de metal para usar en la guerra; Gamelin siendo un respetado miembro de la magocracia élfica, quería mantenerse al tanto de los descubrimientos en los campos de la magia y hechicería.

Maeglin estaba todavía en la tierna edad de 52 años, cundo su padre dejó la tierra de los viejos bosques, él ya estaba iniciado en el camino de las artes mágicas, así que continuó sus estudios, pues quería que al regresar su padre, estuviera orgulloso de él al ver los progresos que había hecho[Nivel 5]; el jóven Maeglin aprendió muchos hechizos, cómo convertir la noche en día, a comandar y hacer bailar chispas, hacer arder la madera y tela con un revés de su mano, telekinésis, levitación, entre otros[Luces danzantes, destello, Luz, Rayo Congelante, Manos ardientes, Disco Flotante, Toque Eléctrico, Misil Mágico, Llama Contínua, Obscuridad, Esfera Llameante, Ráfaga de Viento, Rayo Quemante, Romper], él estaba seguro que al regresar su padre, lo tomaría como aprendiz y tal vez le enseñaría el hechizo que permitía a los elfos usar espadas largas. Pero Gamelin nunca regresó.

Cuando Maeglin llegó a los 124 años, su paciencia se había agotado, extrañaba a su padre y quería saber que había sido de él, así que tomó sus cosas, el callado que le regalara Gamelin en su cumpleaños 50 y dejó su hogar, iría al otro lado del mar de los titanes... No regresaría sin antes conocer el destino de su padre.

Aventuras


La partida de Maeglin fué rutinaria, desde los puertos élficos al puerto de Ática fueron semanas de estudio y meditación, pues el jóven Arcamenel quería estar listo, pues no sabía que clase de peligros podría encontrar en las tierras salvajes de los hombres. Le inquietaban las historias que había oído de los grupos de saqueadores de tumbas y sanguinarios asesinos que se hacían llamar "aventureros"; los marineros parecían comprobar esto al hablar con emoción de grupos de hombres y mujeres que deambulaban por el reino, matando monstruos y explorando viejas ruinas; pero Maeglin pensó que todo eso eran cuentos para asustar a los pequeños y disuadirlos de visitar el imperio; consideraba a los hombres una raza primitiva con descubrimientos e inventos impresionantes, pero bárbara al fin y al cabo, así que no dió importancia a esto.

Al llegar al puerto amurallado, Maeglin vendió un arco de maderas preciosas y fina hechura, con lo cual pudo hacerse de la moneda local, además de pertrecharse y pagar su lugar en una caravana hacia la Fortaleza. Pues en todo el puerto no hubo nadie que pudiera darle noticias de otros elfos, antes bien la gente de Ática no lo quería, lo veían como un mal augurio, le gritaban groserías, y le rehuían a dondequiera que iva; esto sorprendió al elfo, quién pensaba que sería recibido como héroe por las hazañas de su gente durante la Gran Guerra; dió por hecho que la gente era ignorante y habían olvidado aquella gesta heróica y prefirió ocultar su identidad y viajar como un peregrino común a la capital.

El viaje por el desierto le pareció insoportable, la sequedad, el calor, el polvo y el continuo traqueteo de la carreta lo enloquecía y cuando tenía que caminar era aún peor, la arena le quemaba, se metía en sus zapatos y le raspaba los pies, el ardiente sol hacía que le producía jaqueca y quemaba su piel. Había intentado hablar con otros viajeros, preguntándoles por otros elfos; la mayoría de ellos se burlaban y otros sólo hacían vagas referencias a que la tierra de los elfos se encontraba al otro lado del mar, en un bosque de árboles sin tiempo. Maeglin comprobó que los hombres eran ignorantes e irrespetuosos, así que decidió esperó a llegar a la capital y ahí consultar con algún erudito.

Al llegar a la fortaleza las cosas fueron distintas, pero no del gusto de Maeglin, la guardia de la ciudad le hizo muchas preguntas y tuvo que dejar su callado(pues no tenía permiso para portar armas), además de que tuvo que llenar muchos papeles y dejar en depósito gran parte de su dinero; Maeglin con su permiso en la mano, pudo entonces entrar a la Fortaleza, cruzando el rastrillo un nuevo horror le asaltó; gente, muchísima gente, vagos mugrosos, pordioseros enfermos, animales, calles sucias, tan sólo ver esto le hacía sentir enfermo, buscó rápidamente una hostal donde asearse y pasar la noche antes de consultar a los magos locales...
Por un precio razonable consiguió una habitación privada con tina, después que las doncellas llenaron la tina, entonces el elfo pudo entrar al agua y quitarse el polvo del camino; al principio le pareció rudo y de mal gusto que no hubiera flores, sales o decoración alguna; pero recordó que estaba en las tierras salvajes de los hombres, Maeglin se rió de sus primitivas costumbres y después de usar su magia para ajustar la temperatura del agua, pudo relajarse por primera vez en todo su viaje.

Las visitas a los "eruditos" y "magos" locales fueron un rotundo fracaso, poco interés le prestaron a lo que tenía que decir; antes bien lo cuestionaban acerca de la sociedad élfica y sus conocimientos de magia.
Al atardecer, como sus raciones de viaje se habían terminado al ir a comprar pan, escuchó rumores de un regimiento de enanos que había parido hacia el oeste y un par de ellos que llegó a la ciudad y de sus hazañas en Cídala y Latis; Maeglin decidió buscar a esos enanos, escuchó que habían viajado mucho y enfrentado a poderosos enemigos, tal vez ellos sí podrían ayudarlo.

Al otro día, ya para dejar la Fortaleza Maeglin tuvo una idea, volver a vestirse a su manera tradicional, tal vez en esta ciudad, siendo capital del Imperio, sí lo repetarían porl o que es, también compró una yegua blanca, para no tener que andar a pie por los polvorientos caminos del imperio.

Otro dolor de cabeza fué el recuperar su callado, nuevamente fué interrogado y aún tuvo que convencer a los guardias de que no se trataba de una mujer disfrazada. Ni siquiera tuvo el valor de ir a recuperar su depósito, humillado y frustrado dejó la horrible Fortaleza en su montura, deseando no volver a pisar sus pulidas piedras nunca más.

En los pueblos lo abucheaban, maldecían y aún apedreaban, la gente común no veía con buenos ojos al elfo, los villanos le gritaban obscenidades y Maeglin no comprendía por qué; aún los pequeños niños y ancianos despreciaban al jóven mago. En una ocasión, durante una festividad local, intentó congraciarse con la gente en la plaza usando su magia, la multitud enfureció y hachas en mano lo persiguieron, el mago tuvo que incendiar una carreta para evitar que la turba le diera alcance.

También pasó por una deplorable venta que ni nombre ostentaba, ahí había un hombre que al calor de la cerveza recitaba una infinidad de disparates acerca de la Gran Guerra, de cómo los elfos no quisieron bajar de los barcos, de cómo abandonaron al ejército enano y otras vergonzosas acciones, cuando Maeglin trató de corregir al viejo de astado yelmo, los parroquianos se molestaron y lo sacaron a empellones.

Finalmente llegó a un pueblo, donde le informaron que los enanos habían llegado apenas el día anterior, Maeglin estaba contento pues podría conocerlos personalmente, así que acampó en el bosque(desde hacía semanas había estado haciendo esto pues las ventas le parecían muy sucias y desagradables) y durante la noche fué a la casa del Duque, al llegar vió fuego, mantícoras, osos lechuza y hombres luchando, el mago no sabía que hacer, nunca había estado en un combate real, así que mató un par de las besias y huyó al bosque.
Al otro día, por la tarde, después de reponerse del susto, regresó al pueblo, entonces su asombro fué mayúsuclo; la gente no solo toleraba a los enanos, sino que los vitoreaban y trataban cual si fuesen grandes héroes y a uno de ellos, lo llamaban "Señor de la Piedra Gris", no podía presentarse así frente a los enanos, pues temía que lo menospreciaran como todos los demás habían hecho. Así que los siguió, manteniéndose siempre al márgen y evitando ser descubierto. Sabía que los enanos valoran la fuerza, y valentía en el campo de batalla, así que estaba esperando un momento para mostrarles que él era tan fuerte como un enano, a su manera, claro.

Siguió a los enanos al sur, primero al encontrar a un vago, quién robó sus pertenencias cuando estos dormían luego al llegar a la Piedra Gris una vieja fortificación enana abandonada, en donde se enfrentaron a los gnoll que habían hecho de esta su guarida, ¡como deseó Maeglin haber estado ahí para ayudar a los enanos, tendría que esperar otra oportunidad!; y más al sur, en una explanada empedrada, donde al centro se alzaba una pequeña construcción flanqueada por una imponente estatua de un enano, pero al acercarse los enanos, pudo ver algo que le sorprendió, la otrora inmóvil estatua se había erguido y trataba de aplastar a uno de los guerreros. Esta era su oportunidad de demostrarles que él era un gran guerrero, así, con decisión salió de entre la maleza a enfrentarse con el golem de piedra...

Destino Final


Maeglin partió hacia las moradas de sus ancestros en los terrenos de la Piedra Gris, cerca de la tumba de Thor; donde valiente e imprudentemente intentó detener a un golem de piedra... Tom, el gnomo recuperó su libro de hechizos más no su cuerpo, que fué dejado en el bosque para ser alimento de las bestias salvajes; respecto a su callado, no se sabe que sucedió, es probable que aún se encuentre en el bosque recargado en un árbol junto con su maleta de viaje.

No comments: