Thursday, January 12, 2006

El ragnarok de los borrachitos

EL RAGNAROK DE LOS BORRACHITOS


Canten oh alegres bardos, aquellas desiguales lides, en las que el obscuro paladín enfrentara las huestes de sedientos y tambaleantes borrachos, aquella gloriosa noche en la defensa de aquella vieja fortaleza de mohosos muros y derruidas piedras. Y háganos recordar con su elocuente voz, la cruenta batalla que se suscitó en aquella noche que será recordada como cuando el alcohol y la sangre bajaron de la montaña como impetuoso torrente, tal y como si la fortificada mole hubiese sido herida en un costado y yaciera inerte después de que el codicioso dardo acertara en su pétrea carne.


Grande es la emoción que trae a nuestros corazones aquella heroica gesta, generaciones enteras pasarán antes de que otra hazaña pueda siquiera compararse a aquella que estamos por narrar, la voz misma se nos quiebra ante la mera remembranza, ea pues ser paciente y comprensivo si nuestra euforia se sobresalta o si aún vuestro ánimo decae con los continuos reveses de nuestra narración.



Eran aquellos los helados meses que trae a la tierra las niveas escarchas que caen del cielo como plumoso rocío... era cuando el paladín aún no era obscuro, cuando su espada se conservaba sin mácula y su reputación, era desconocida áun para él. Él aún era el jóven aprendiz del paladín Maiko, viejo entre los adalides, cobarde entre los héroes; el había sido dispuesto, junto con una pequeña guarnición de hombres armados a defender la Troje en el extremo sur del Reino de la Orla.


Había ya pasado la fiesta de la cosecha, y había pasado ya también la populosa y ostentosa fiesta de la acción de gracias, así que el trabajo que tenían estos valientes era sencillo, tan sólo había que proteger los preciados suministros hasta que la gorda marmota saliera del agujero y sobre la rama cantara el negro grajo.

Pero la noche anterior a que completaran su revolución las entrañas de la cadavérica luna, en los límites de su aguda vista, los vigías del fortín divisaron algo que los espabiló... sobre las lejanas torres de la Fortaleza, un titilante y masivo fuego ardía. Era un mensaje, era una advertencia, el enemigo avanzaba, lo hacía bajo el cobijo de la noche y lo hacía en su dirección. Los vigías, prestos y ligeros, corrieron a informar a su capitán, el paladín obscuro quien, en cuanto se enteró dió sencillas ordenes: atracar las puertas y cubrir los braseros... todos se armaron y subieron a las altas almenas...


Durante horas que les parecieron sin fin, los defensores escudriñaron el obscuro horizonte tratando de divisar al invasor que avanzaba hacia ellos... hasta que lejanos destellos los delataron, al principio un par de hachas encendidas, luego unos cuantos humeantes braseros y finalmente, la columna principal... Un numeroso ejército avanzaba de manera errante por por el camino real... por pendón llevaban un barril enarbolado en larga pértiga y entonaban horribles alaridos arremedando un obsceno y bélico canto... sus ropas estaban sucias y ajadas, mojadas de orina o vómito y en algunos casos quemadas y hasta manchadas en sangre; eran borrachos, cientos, quizá miles de ellos, eran varias unidades de perezosa infantería completamente fuera de sus cabales, que habían consumido las reservas de alcohol de la Fortaleza y para seguir con su juerga habían optado por ir hacia el lugar más cercano donde pudieran encontrar el etílico líquido, el resguardado almacén del norte. Avanzaban impetuosos en su sinuosa y atropellada marcha, hasta que la nefasta columna se desparramó en el claro frente al portal, donde después de que algunos de ellos eructaran y se maldijeran entre ellos, una columna avanzó en medio de alaridos infernales en atropellada estampida hacia la puerta... entonces cien tensas cuerdas zumbaron y una cortina de saetas cegó de golpe la luz de los ojos de la etílica flor de aquellos guerreros... Pero esto no desanimó a la fanática horda, pues se lanzaron enloquecidos por su sed por el obscuro fermento hacia la puerta y como la ola que rompe contra el malecón, así la pesada columna de oscilantes borrachos se estrelló con la maciza puerta de tachonada madera pisando a sus caídos compañeros y aplastando a a los más rápidos, pero sus torpemente empuñadas armas no hacían mella al invencible portal, entonces uno de ellos, OrinaEnSusPantalones se alzó entre la turba y gritó,
- ¡Dennos cerveza, o dennos la muerte! - La respuesta vino presta de las almenas cuando las trenzadas y tensas cuerdas empujaron otra ronda de veloces dardos que volaron buscando ávidamente morder las sudorosas lonjas de los ebrios, segando la vida de muchos de los más voluminosos combatientes.

El paladín obscuro coordinaba la defensa desde la torre del homenaje, asegurándose que no hubiera hombre ocioso o borracho en punto ciego, y desde ahí cayó en cuenta que aunque usaran un dardo por borracho no sería suficiente para repeler el asalto, así que bajó a la bodega de suministros. Mientras sobre las murallas los defensores cortaban las escalas y empujaban los ganchos de los asaltantes.


Cuando las flechas comenzaron a escasear, los valientes defensores lanzaron botellas del más concentrado alcohol que había en el almacén, las cuales fueron presa de inmediato de las ávidas y temblorosas manos de los beodos, quienes mientras con un dedo la descorchaban, con la otra se abrían la ya insensible boca; de suerte que se vaciaban el contenido sobre su velludo pecho, provocando que los demás los lamieran con la intención de saciar su interminable sed... pero no fué posible, pues flamígeras flechas, las últimas del carcaj de los defensores, ocasionaron un incendio entre la chusma apiñada a un lado de la puerta.

Los guardianes amenazaban a los borrachitos que se incendiaban inexorablemente enmedio de agonizantes gritos, entonces, CaeComoCostal enfurecido llamó al poder de Forola, su grotesca madre bastarda, una abominable ogra que había sido el terror de un pueblo hasta que le entregaron a un loco para que con él satisfaciera su líbido... y CaeComoCostal golpeó la pared con tal fuerza que su mano estalló en sangre y pedazos de hueso, tan grande era su embriaguez que no notó esto y siguió golpeando, hasta que la obscuridad llegó a sus ojos.


El paladín obscuro entonces subió a la muralla, y viendo como cada vez más los borrachos ganaban terreno frene a los extenuados hombres, ordenó traer de la bodega ciertos barriles y lanzarlos por las murallas. Entonces la turba se abrió al caer de los los poliméricos contenedores de alquímica mixtura, EructaFuerte, hijo del magnánimo EspantaSuegras, famoso por poder eructar de tal manera que hacía correr a las mujeres próximas a la taberna; se adelantó a uno de los recipientes y alzando uno en son de triunfo exclamó...


- Albricias amigos que los defensores se han rendido y nos han entregado el divino fruto fermentado de la cebada y el lúpulo, dejemos por un momento la lid y regocijémonos con los dones de Baco - Entonces con avidez abrió el recipiente y una corrosiva nube emergió bufando y quemando sus colorados ojos haciéndolo derramar su contenido y lanzar un alarido de dolor... CaminaEnCírculos se apresuró a ayudarlo y también notó el olorcillo, alzando sus fofos brazos gritó a voz de cuello,
- lancen de nuevo esos botes, sobre las almenas, miren que los perversos guardianes nos han tendido una trampa, han usado sus arcanas artes con el fin de intimidarnos, pero eso no será posible, pues grande es nuestro valor, y hace falta más que simples brujerías y supersticiones para alejarnos de nuestro ideal Entonces la entrega del alma del paladín obscuro a la aberrante ciencia fué recompensada con la destrución de muchos de los borrachitos que fueron hechos pedazos por completo por la colosal explosión, el caos se hizo presente entre la turba que pugnaba por derribar la puerta, y finalmente "FumaHojas" el más valeroso de todos, se encaramó por la lisa muralla asiéndose de los restos de las escalas de sus compañeros caídos...


Animados por la valentía de FumaHojas, otros borrachos se encaramaron a las murallas, y ya dentro lograron abrirse paso entre los defensores de la muralla, pero la oposición en las esclaeras no se hizo esperar y los valientes guardianes, opusieron fiera resistencia al avance de los borrachitos, pues aunque "Fumahojas", "Dedoschatos", "Escupebabosas", y "NarizdeGrifo" corrieron en pos de la puerta... fueron atravesados por los prestos arpones dispuestos por los guardianes cerca de la entrada.


Pero los borrachitos no podían ser derrotados y entonces desenterraron las cubas de las letrinas y entre todos los izaron sobre sus cabezas y los intentaron de usar como arietes.... estrellándolos violentamente contra las gruesas puertas lanzando sobre ellos el escatológico contenido y haciendo retumbar la muralla entera.


. . .


Finalmente el paladín obscuro ordenó rendirse, que se bajara los toneles de alcohol... pues no tenían forma de derrotar a los cientos de borrachitos que aún bullían en la puerta intentando derribarla... los guardianes, descorazonados hicieron caso y fueron bajando lentamente, uno a uno los barriles, para su dolor y el regocijo de los briagos... que en menos de una hora se habían bebido las reservas de alcohol del resto de la estación.


Cuando Febo nuevamente hizo correr su brillante carro por la bóveda celeste, sus primeros destellos permitieron ver que había sido de los aguerridos invasores... alrededor de la atacada Troje... cientos de adiposos cuerpos yacían inertes, amontonados unos encima de otros, con socarronas sonrisas de satisfacción en sus grasientos rostros...


- Ojalá estuvieran muertos, mira que tener que sucumbir ante un hato de bestias embrutecidas - Exclamó uno de los guardianes con despecho


- Lo están - Dijo el paladín obscuro sonriente dicho esto, dejó las almenas y se retiró a sus aposentos a descansar...

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