Thursday, January 12, 2006

El Barón y el dragón negro

El Rey Jorge fondeó en la rocosa península suroeste, donde los fuertes vientos arrastraban lejos los tóxicos vapores del pantano.

El barón entregó unas tijeras plateadas su heraldo y partió con él al pantano. Mientras sus hombres se quedaron en la península. El médico curó la tierra mientras el cocinero sembraba la armada invencible del barón. Mientras tanto el negro sacó a "trotacielos" la blanca yegua del barón, la bañó, la cepilló y montó sus arreos. Para que su amo pudiera hacer sus recorridos habituales.

Al anochecer el barón regresó muy sonriente con un atado, sus sirvientes se sintieron horrorizados al ver ese fardo, el barón trató de tranquilizarlos, pero ellos ni siquiera podían permanecer cerca de aquel costal sin ponerse sumamente nerviosos, así el barón, para tranquilizarlos guardó aquel monstruoso envoltorio dentro de un fuerte cofre en la bodega del Rey Jorge, así todos se sintieron más tranquilos.

Después de una semana, un pequeño bosquecillo tapizaba la otrora cenagosa península, y el heraldo había completado un detallado mapa para el barón.

Así, después de memorizar cada charca, cada árbol y roca suelta, el barón ordenó preparar el ejército, pues el dragón negro era un formidable oponente que no gustaba del diálogo.

Así al tañido del cuerno avanzó el enrme ejército removiendo la tierra que lo aprisionara, sus largas garras revolvieron la arena para tomar rocas que serían sus armas contra el mortal lagarto. El barón encabezaba la carga, montado en su alba yegua, cuando al cruzar el pantano se vió cercado por la armada del dragón, la apestosa niebla apenas dejaba ver unos cuantos cientos de tétricos soldados, blandiendo armas viejas y oxidadas, pero una poderosa ráfaga de viento aclaró la vista y pudieron ver qeu eran cerca de mil filas de 100 hombres en fondo quienes cubrían la isla, al escuchar el zumbido de miles de flechas surcar el aire el barón volvió a sonar el cuerno y su pesado ejército cargó contra el incontable muro de estáticos soldados, ninguna flecha hizo blanco en el barón, antes bien, todas ellas caían por montones a su alrededor, y aún cuando se detenía a mutilar o decapitar a alguno de sus enemigos, los proyectibles se acumulaban en pequeños haces a los pies de su ligero corcel. aún las pesadas hachas y dardos de balista se desviaban se su camino con una lejana detonación. Mientras el barón se enfrentaba en las filas centrales, rodeado por su ejército contra los resecos y silenciosos hombres del enemigo una lluvia de enormes rocas diezmaba a los macilentos guerreros en los extremos de su formación, el ejército del barón avazaba implacable, pues el corroído acero nada podía contra la dura piel de lo enormes infantes que sin más armas que sus largos brazos y pesadas piedras no dejaban a su paso más que armas destrozadas y huesos rotos.

Entonces, hizo su aparición el señor de aquel obscuro ejército, era un enorme y monstruoso dragón negro, sus garras podrían haber destrozado un caballo de un zarpazo, su espinada y larga cola terminada en garfio óseo se agitaba violenta, a cada aleteo de sus membranosas y desgarradas alas, su hocico era afilado y dejaba ver sus amarillentos y desgastados dientes; aún a pesar de su espantoso aspecto, nadie le temía, se veía aberrante, diabólico y abominable, sin embargo antes que terror, despertaba curiosidad y asco; entonces revolviendo su cuello, la bestia retrajo su cabeza y tomó aire; pero un poderoso viento, como si de un repentino vendaval se tratara lo hizo perder la sustentación y cayó a tierra, donde el ejército del barón rápidamente lo rodeó y empezó a atacarlo, pero nada eran las rocas y las garras contra la dura piel del reptil, que usando garras y cola dió buena cuenta de muchos de ellos, que murieron destrozados sin proclamar un solo grito, ya fastidiado, el gusano vomitó ácido sobre ellos obligando a la retirada de los que aún podían moverse.

Pero el barón no se dejó intidar y cargó contra la bestia, que al girar su cola derribó al osado jinete de su montura. El dragón entonces se preparó para lanzar su ácido sobre el aturdido barón, pero una gran roca entró a su boca llevándose con ella varios de los amarillosos dientes, el barón aprovechó la oportunidad y corrrió debajo de la bestia con su arma hizo un pequeño agujero en el costado de la bestia. Pero esto sólo enfureció más al dragón que intentó alzar el vuelo, pero un viento huracanado se lo impidió, así que giró sobre si mismo y el baró apenas alcanzó a agacharse para evitar que la arponada cola del gusano lo partiera en dos, entonces vió como la bestia se alzaba sobre sus patas traseras, se escuchó una detonación y estalló uno de los diabólicos ojos del lagarto, en barón miró la herida de la bestia y extendió su mano, en breve apareció sobre ella un bastón con un pequeño recipiente en la punta, lo tomó y corrió contra el dragón empujando la exótica arma dentro del cuerpo del monstruo.

El dragón giró violentamente lanzando al barón contra el suelo, y cuando se preparaba a devorarlo, se detuvo, por un momento la bestia comenzó a toser y a hacer sonidos horribles, entonces se desplomó y un furioso torrente de maloliente espuma salió por su boca, ojos, oídos, narices y ano.

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