Friday, July 15, 2016

La exposición

Me hablaron de una planta para revisar una máquina, aparentemente era muy urgente, así que ni siquiera saqué a pasear a la bestia; al llegar me estaban esperando, una mujer de mantenimiento, la cula lucía muy enojada, pelo amarrado en una cebolla despeinada y unos anteojos que se le resbalaban a media nariz; venía acompñada por un distraído y asustadizo becario, la mujer apenas me saludó y me condujo al lugar del problema.
 Ya dentro de la planta me encontré que tenían una exposición, esa de "Trae a tu familia a la planta" en la que los empleados llevan a sus niños y parejas para que conozcan su lugar de trabajo, suelen ser divertidas o al menos educativas, aunque lo mejor siempre han sido las máquinas disfrazadas que nunca faltan.

Para ahorrar tiempo, la mujer nos condujo a través de la nave donde se realizaba la exposición, había mucha gente, juegos de destreza, corridas de prueba a baja velocidad, presentaciones interactivas, máquinas bailando y como pieza principal estaban mostrando un nuevo tipo de camión con tres direcciones, realmente no entendí el punto, pues el costo se triplicaba, aunque debo reconocer que resulta conveniente para moverse en espacios reducidos y en el muy improbable caso, podría resultar útil. Destacaba un modelo a escala de la planta hecho en madera, con un pequeño tren que recorría un circuito llevando materiales, me sorprendió el nivel de detalle, aún la máquina echaba humo. Pasé junto a un grupo de jóvenes que charlaban:
"Es por la fé que la gente tomó unos huesos de cabra y los puso en una rara urna, luego los científicos al hacer pruebas no quisieron romper la ilusión." No pude menos que sonreír al ver que se había memorizado una cita de un libro de texto. También vi a una mujer peliroja, creo que notó mi fijación así que pasé de largo rápidamente, pero estoy casi seguro que era natural, es tan raro en éstos días.

Saliendo de la exposición llegamos a un puerto de embarque donde enorme camión de volteo estaba atascado en el patio, aparentemente se le dejó abandonado por mucho tiempo, los neumáticos se reventaron y debido al peso, los rines comenzaron a hundirse en el asfalto, con las últimas lluvias la caja estaba llena de agua, misma que se estaba derramando, de pronto se ladeó un poco y además de agua, comenzó a chorrear un muy sucio aceite, por lo que apenas alcancé a subirme a una unidad de lavado que se encontraba cerca, mis anfitriones no fueron tan ágiles y tuvieron que continuar la visita con las botas sucias.

Finalmente llegamos a la máquina en cuestión, la cual estaba generando un atasco de la línea entera, arrancaba pero inmediatamente volvía al reposo; el error: parámetros insuficientes, la mujer aseguraba que el programa estaba correcto y que habían verificado los parámetros varias veces y estaban completos y dentro de especificación. Luego de un rato me dí cuenta que esa máquina era parte de un lote y varias de éstas ocupaban la misma posición en varias líneas de la planta, las cuales, en éste momento estaban paradas debido a la exposición, todas menos ésta. La cual al tratarse de una máquina de liberación de producto, a alguien se le ocurrió ligarlas todas para comparar valores y tendencias entre todas y mantener valores constantes, así que ante la falta de consenso no podía tomar decisiones por sí misma, lo más fácil habría sido sólo meter datos duros a la máquina, lo cual la haría funcionar, sin embargo tal vez generaría problemas en las otras así que, sólo definí éste día como una excepción  en la cual compararía sus parámetros con su propio historial y en cuanto reanudaran operaciones la otras líneas retomaría su rutina habitual, se aprobó, documentó y firmó.

La mujer poco más aliviada me agradeció para inmediatamente ir a gritar con la gente de operaciones, el becario me acompañaría a la salida; el cuate era todo un caso, venía de un rancho en las orillas de la sierra, estudió la carrera pedaleando en su bicicleta hasta la carretera donde tomaba el camión para la escuela, su notable desempeño le hizo ganar un beca para la universidad y ahora vivía con otros estudiantes en un cuarto rentado, lo felicité; íbamos llegando a la caseta cuando vi a una mujer en sostén sentada en una silla, resultaba poco común que no tuvieran un código de vestimenta más rígido, aunque tal vez lo relajaron por la ocasión y bueno, hacía calor.

Al salir casi olvido mi identificación, el guardia tuvo que correr para alcanzarme y cambiarme el gafete.

Friday, July 01, 2016

El laboratorio

El otro día recibí una llamada, era de uno de los laboratorios locales, aparentemente se habían enterado de mis trabajos en la industria y me estaban invitando a charlar con sus directivos.
No tengo idea realmente por qué de la invitación, pues no he participado en ningún proyecto destacado, o al menos no localmente, no tengo ninguna publicación, al menos formal y aún mi campo es más empírico que una ciencia por sí misma.

Las instalaciones se encuentran en la carretera a la capital, justo antes de salir de la ciudad; el lugar es notorio por su enorme edificio de tabiques amarillo y preciosa fachada de cantera, vestigios de un glorioso pasado equiparable sólo a las culturas clásicas; ya adentro, en la recepción destacan los frescos y aún mosaicos en el suelo que son enmarcados por dos elegantes escalinatas, aunque para mi desconcierto, la entrevista se realizaría en otro lugar, al otro lado del complejo.

Crucé caminando una explanada, muchos árboles habían sido talados para reemplazarlos por columnas de concreto y los senderos de adoquín por planchas de concreto. Al acercarme a la oficina sentí un aleteo en mi nuca, al voltear ví alejarse a un cuervo, me extrañó un poco, aunque recordé que éstos animales suelen ser muy inteligentes, aún recuerdan a las personas que les han molestado y las buscan para atacarlas, aunque en éste caso más pareciera que estuviera protegiendo su territorio, en cualquier caso ya había llegado al lugar, al entrar me encontré con una mujer de dorada cabellera, uñas con partes móviles y pesado maquillaje, me recibió con rostro inexpresivo y me pidió que esperara en la salita. Aún no me había acomodado cuando me hicieron llamar.

Entré a lo que pareciera una sala de juntas, varios hombres y mujeres se encontraban en una larga mesa, me saludaron y me senté. Me preguntaron muchas cosas, sobre todo acerca de mi trabajo con máquinas, les fuí sincero, no tengo mucha experiencia en mantenimiento, me preguntaron de la capital y mi trabajo por allá, les hablé un poco de lo que hago y cómo lo hago, se mostraban interesados, en especial un hombre de coronilla calva, una mujer anciana de pelo ensortijado me cuestionaba si había publicado anteriormente, por su insistencia más parecía como si supiera más de lo que aparentaba, un hombre jóven, de anteojos habló un poco de sus investigaciones, celdas de energía, reciclaje de polímeros, metales amorfos, matrices cerámicas, nada que tuviera que ver con mi campo, más por aportar algo al tema hablé de mi experiencia en pruebas destructivas de polímeros y metales de fundición, de ahí se arrancaron en una jerga de la que apenas pude seguir el hilo, sólo asentía de vez en cuando. Después de un rato me dieron las gracias y se despidieron.
 Antes de salir, la anciana mujer me detuvo, muy seria me dijo:
- No vayas a nanotecnología.

De regreso a casa pude ver que los vecinos estaban en la banca de piedra bajo el nogal que está junto al camino, sus niños jugaban, mientras la mayor, una niña de largo cabello negro y ojos rasgados, aún en uniforme se encontraba limpiando un arma, aunque por la manera en que le pasaba el trapo, no la veía muy convencida.
 Por un lado me extrañó que estuviera tan temprano en casa, pues ella sale de clases hasta las 4:00, aunque por otro, me dió gusto que aún se conserven esas tradiciones.

Friday, June 17, 2016

El tee

En la ciudad hay un tee de práctica, una especie de opción económica al muy exclusivo club de golf que se encuentra en la carretera rumbo a la capital, realmente nunca me ha interesado el dichoso juego, aunque cuando un amigo me invitó a ir a tirar al tee me ganó la curiosidad, así que decidí acompañarlo.

Sus terrenos se encuentran en el lecho de un río, habitualmente seco; consta de una estructura elevada a la que se accede por una rampa, arriba se encuentra el mostrador donde se pueden rentar puertos, palos, membresías, gorras y otros recuerdos, también hay un puesto de licuados y granolas; todo se encuentra techado, el diseño es bonito, las lonas forman una especie de cielo abovedado lo que le da amplitud y le hace sentir fresco, río abajo no hay pared, sólo un barandal que es cortado por cada uno de los puertos, que son plataformas con un par de sillas, una mesita y sombrilla, además del obligatorio tee desde el cual se lanzan las bolas.

En la recepción había un cuadro muy curioso, un par de ancianas encorvadas recogiendo leña, aparentemente en el mismo río donde nos encontrábamos, se veía muy vieja, ciértamente anterior a la guerra. En el escritorio había una especie de libro de visitantes, en la portada decía "LOCAL", me dió curiosidad y lo abrí, "IF AT FIRST YOU DON'T SUCCED, TRY AGAIN" decía en su primera página, quería seguir hojeándolo pero éste cuate me apuró, pues ya había pagado la renta del puerto y el equipo; estaríamos al fondo, es un poco más lejos, pero más tranquilo, me decía.

Pasamos por todos los demás puertos, jubilados, algunos yuppies y hasta algún papá con sus werkos, había algo de gente, no mucha pero la suficiente para sentirse en un lugar frecuentado sin sentirse apretado. Llegando a nuestro puerto me dí cuenta el porqué lo eligió, si bien todos los puertos tiran a lo largo del río, es en éste extremo donde se encuentra flanqueado por una arbolada de nogales, mientras al frente tenemos una alfombra de zacatales que cubren el lecho seco. Ahí estuvimos tirando un par de horas, en realidad es bastante simple, sólo le pegas a la bola lo más fuerte que puedas tratando de que vaya lo más lejos posible, en las laterales hay redes así que las bolas no se pierden, éste cuate me decía que el punto era obtener una mejor coordinación para calcular alcance o ubicación precisa para la caída de la bola, por lo que lo ideal era apuntar a un punto en específico, yo me contenté con tratar de lanzar la bola más allá de la última malla, no lo logré; éste cuate también me enseñó como recuperar fácilmente bolas que se quedan atrapadas entre las lonas, ésto, para no depender de las bolas del puerto, de verdad no tengo idea cómo llegan las pelotas allá arriba, salvo que la gente las lance a propósito o que algún muy afortunado tiro de a un árbol y rebote hasta arriba, lo cual veo bastante improbable. Ah, la tina de pelotas es rellenada periódicamente, hay máquinas que recorren el parque buscando y recogiendo pelotas para regresarlas a la plataforma desde donde se distribuyen neumáticamente a cada uno de los puertos; es curioso, pues a alguien se le ocurrió ponerles peluche, así que cuando las ví por primera vez, entre las hierbas me parecieron como tlacuaches o ratones grandes.

Debo admitir que me divertí, así que llegando a casa estaba de muy buen humor, así que puse un viejo video de una cinta de la "era heróica" esa donde un gigante barbado con facha de vikingo, se enfrenta a un grupo de hombres armados.
¡Las armas no lastiman a la gente, YO lastimo a la gente! - Grita el energúmeno para luego dejar caér su martillo sobre uno de los hombres haciéndolo pedazos, lo que sin demora hace huír al resto.
Siempre me ha gustado esa escena, pero por algún motivo nunca he visto completa la película y aún así no quiero buscarla, pues no creo que sea tan buena.

Friday, June 10, 2016

En la corte del Ushnara


Acompáñeme Señor, la corte le espera – Dijo el hombre de ricos ropajes al príncipe, aparte de sus ojos hundidos y rostro pálido, lucía alegre, como un niño que está por zamparse una golosina, plegados bajo el brazo llevaba un montón de papeles y hojas, además de varios rollos y otros utensilios.

El príncipe lo sigue de cerca, con andar marcial y mirada seria, su tilma apenas cubría un tostado cuerpo atlético más acostumbrado a los rigores del campo de batalla que a la suntuosidad de un palacio; el hombre que lo conduce es uno de sus magos, hombres sabios, estudiosos de las viejas crónicas e incansables en su búsqueda del porqué de las cosas, ellos han fungido como intérpretes ante la gente de Tomoachan; el príncipe 8 Venado Garra de Jaguar está por tener una importante audiencia ante los nobles de ésta provincia; andan presurosos entre pasillos decorados con coloridos tapices, y relucientes espejos de plata, su camino es iluminado por tragaluces dos pisos más arriba, sus pies descalzos andan sobre lustrosas losas de piedra pulida.

¿Siente el piso mi Señor? - Le pregunta el mago mientras andan por los ornados pasillos.
Si, está tibio – Responde Venado.
Debajo de éstas losas hay una serie de canales por los cuales se hace circular agua caliente – Le explica el mago – Lo mejor, es que para calentar el agua usan cierto mineral que extraen de sus minas, no queman madera como hacemos en el mundo.
¿Los admiras mago? - Pregunta molesto el príncipe al tiempo que se detiene súbitamente.
Los respeto mi Señor – Le responde con tranquilidad – Muchas de estas maravillas han sido posibles a través de su ciencia y conocimientos, imagine que todo esto pudiese ser usado para el bien de su gente, ¿sabía que preparan cierto tipo de bebidas para evitar que su gente enferme?, también he oído de una especie de máquina que usa agua para moler granos y también he visto durante nuestro viaje en las grandes canoas un maravilloso instrumento que sirve para la navegación, es un plato metálico que flota sobre aceite...
¡Calla mago! – Ordena Venado.

Recuerde mi Señor, no enseñe los dientes y mantenga las manos cerradas, es de mala educación mostrar las palmas – Le pide el mago al príncipe.
Al llegar a la puerta del salón, los espera un grupo de sirvientes, visten sencillamente una faldilla de tejido muy fino y transparente ajustada con una especie de faja compuesta por tiras de piel trenzada, llevan brazaletes o gargantillas de un metal plateado aunque opaco, llevan el cabello suelto sobre sus hombros pero no demasiado largo, todos llevan una banda con grabados sobre su frente, sus ojos ambarinos rehuyen la mirada del príncipe; el mago habla con ellos; Venado observa la pequeña habitación en la que se encuentran; es oval, un pasillo la cruza de lado a lado y un tercero llega perpendicularmente a éstos, que es por donde venían, al frente se encuentra una enorme puerta, es una madera obscura rematada con gruesos clavos metálicos y complicados grabados al centro, sobre un par de mesas hay fuentes con agua y mantas, además de varias jarras de metal, ve como un par de los sirvientes toman estos objetos y se dirigen hacia él.
Ofrézcales las manos mi Señor – Le dice el mago mostrándole como.
Los sirvientes primero untan sus manos con una sustancia pastosa que al contacto con el agua hace espuma, luego de que ésta es enjuagada, es frotado con clierta clase de aceite aromático que al contacto se siente fresco.
Levante su pié mi Señor – Dice el mago, señalando al suelo, donde otro de los sirvientes espera al príncipe.
Venado se huele las manos, el aroma es suave y curiosamente pareciera como si el aceite que le frotaran se hubiera evaporado dejando sólo un olor dulzón y esa extraña sensación fría en la piel.
La puerta al fondo del pasillo de la derecha se abre, vienen un par de sirvientes acompañando a una tercera figura envuelta en un vaporosas telas traslúcidas.
El príncipe está por preguntar algo al mago, pero éste le hace una seña de que espere un poco. Los sirvientes entonces, con cuidado y ceremonia sueltan el velo de la figura y es entonces que el príncipe puede ver a un ser velludo, poco más alto que él, de cabeza como un coyote, piel moteada, cola larga y peluda, pero lo que más le llama la atención es que sobre su pecho hay dos hileras de tetas como si de un animal se tratara, esto le roba la atención las las joyas que le engalanan, cascabeles de oro en los tobillos, brazaletes en las muñecas, collares y varias argollas también de oro.
¿Qué es esto mago? - Pregunta el príncipe tratando de mostrarse sereno.
Señor, ella es una “mujer bella y agraciada”, es un gran honor el ser escoltado por una de ellas – Le explica al príncipe, que no sabe cómo reaccionar - para ser sincero no había visto una como ella en mi estancia en el templo, sólo haga una reverencia y dé las gracias como le enseñé.
El príncipe lleva sus manos frente a su cara, se inclina un poco y realiza cierto pases, puede ver en los rostros de los sirvientes y la mujer que se sienten complacidos con sus acciones, la mujer entonces se acerca a venado y baja su cabeza.
¿Qué tengo que hacer mago? - Pregunta impaciente.
Ofrézcale el brazo mi Señor, sonría, no muestre los dientes, toque el brazo de ella y deje que lo conduzca a su lugar para el banquete, acepte cuando ella le ofrezca alguna bebida a comida. - Contesta el mago.
Entre los cuatro sirvientes entonces manipulan un mecanismo metálico en la puerta, hacen una reverencia y se retiran.
Frente al príncipe y el mago, la enorme puerta se abre suave y silenciosamente.

Al pasar al salón, el príncipe queda asombrado por la riqueza del lugar, la piedra de los pasillos cede su lugar a blanquísimas losas, las columnas se encuentran recubiertas de frescos y grandes estatuas honran la grandeza de este pueblo desde los rincones; al fondo del salón se ve una terraza bordeada por magníficos jardines muy por encima de las casas de la ciudad, amplias calles peatonales trazadas en forma de abanico a partir del palacio, numerosas y verdes plazas, varias fuentes y un acueducto que las alimenta y se pierde en el horizonte.
El príncipe permanece de pie, inmóvil, no puede salir de su asombro cuando algo llama su atención, al lado de una de las mesas cerca del balcón, varios seres de esos velludos besan y acarician a un hombre y dos mujeres.
Mago, ¿qué están haciendo? - pregunta el príncipe sin dejar de observar el singular espectáculo.
Oh, eso – Dice el mago apenas haciendo caso – para ellos es completamente normal, es como un saludo muy afectuoso.
Pero, ¿por qué hacerlo en la corte? - Pregunta venado.
La visita del Emperador de sus “venerables hermanos” es motivo de gran alegría para este pueblo, lo que vé no son más que muestras de alegría; posterior al banquete se hará una gran fiesta por toda la ciudad, no puedo esperar a ver todo lo que han preparado.
¿Habrá más vistas como esta? - Gruñe Venado - ¿Qué no tienen burdeles?
Lo más parecido que tienen a los burdeles son las casas donde “se consuela al afligido”, ahí suelen asistir aquellos angustiados, deprimidos o requieren desahogarse, ahí son atendidos por una mezcla de sabios - poetas que les orientan y confortan en su momento de debilidad, claro esto suele incluír caricias de todo tipo. Yo personalmente asistí con una de las sacerdotisas del templo que fungía como tal y debo admitir que mis visitas fueron súmamente ilustrativas en cuanto a sus tradiciones y cultura, ¿quién iva a imaginar que usaban la cola para...
¡Calla mago! – Ordena venado.

Mientras cruzan el salón, Venado echa una mirada a su acompañante, ésta parece y sonríe con su largo hocico y entrecierra sus obscuros ojos, el príncipe contempla sus numerosos pares de aretes, los adornos en su cabello, los finísimos collares que se entretejen alrededor de su cuello, las argollas en sus pezones, las cadenas de oro en su cintura, llega a sus extraños pies de largos dedos y gruesas uñas, adornados en los tobillos con tintineantes cascabeles. Luego voltea a ver a los asientos de la corte, cierra los ojos, baja la vista y pone su mano sobre el hombro del mago.
¿Por qué visten así? - Pregunta Venado al mago.
El vestir los bellos metales es símbolo de pureza o divinidad mi Señor – Le explica el mago, mostrando que él, entre sus ropas no lleva más que ornamentos de hueso y madera.
No me refiero a eso mago – Gruñe Venado y apunta con la mirada a los asientos de la corte y a su acompañante – ¿Por qué andan desnudos?
Ellos valoran mucho un cuerpo sano y bien formado mi Señor – Explica el mago casualmente – consideran egoísta el ocultarlo de los demás, seguro y habrá notado la ligereza de ropas de la mayoría salvo los viejos y ligeramente obesos, también se muestran desconfiados con usted debido a sus pesadas ropas, como si escondiera algo, nosotros por el contrario sería una grosería que nos mostráramos así, por lo que se acepta que...
¿Debería desnudarme? - Pregunta venado.
No es necesario – Le explica el mago - Ellos son súmamente tolerantes con las culturas extranjeras, aún con nosotros, ahora me doy cuenta que hemos hecho muchas cosas que para ellos son ofensivas; ahora, podría hacer a un lado la capa, quítesela al llegar a su lugar e invite a su acompañante a sentarse en ella, será un detalle de buen gusto.

La mujer los conduce hasta sus asientos, el príncipe se suelta la capa y la tiende en el lugar que piensa y ocupará su acompañante, con la mano la invita a sentarse, ella lo hace con lo que podría ser una sonrisa en sus labios, el príncipe alcanza a ver de reojo a la corte murmurar entre ellos, aún algunos haciendo gestos de aprobación, como para probar las palabras del mago, tensa sus músculos mostrando aún más lo marcado de su cuerpo llegando a distinguir entre los murmullos, un ladrido.

Un par de sirvientes se acercan, uno cargando una velluda bolsa de piel y el otro un cuenco de oro enjoyado. La mujer se levanta y toma el cuenco en sus manos, luego los sirvientes vierten en él un líquido obscuro, al terminar, hacen una reverencia y se retiran, ella bebe un poco con la lenga y posteriormente se acuclilla y le presenta el cuenco a Venado, cuando éste está por tomarlo, el cuenco se le resbala derramando un poco del líquido sobre los pechos de la mujer.
Dile que lo siento – Le dice al mago.
Está bien mi Señor – lo tranquiliza – no fué su culpa, beba de su piel.
¿Qué dices? - Pregunta Venado
Beba, beba – Lo invita el mago, lamiendo la palma de su mano.
El príncipe, al principio reacio, acerca lo más que puede su cara al pecho velludo de la mujer y apenas toca con su lengua los pelos empapados y se retira tratando de mantener la compostura.
Me está mostrando los dientes – Señala el príncipe con la mirada a la mujer.
No mi Señor, le está sonriendo – Le corrige el mago – Le hace saber que quiere tener sexo con usted.
Venado alza el cuenco y le da un largo trago.
Tómelo con soltura mi Señor – Dice el mago señalando el cuenco enjoyado en la mano del príncipe – Es un vino muy dulce y suave, está hecho con raíces de cierta planta de la región, también las usan...
¡Calla mago! - Ordena Venado

Una melodiosa música comienza a escucharse en el salón, en ambos extremos del recinto se han colocado dos bandas que comienzan a ejecutar ritmos desconocidos, usando instrumentos de caprichosa construcción, algunos de metal, otros de metal y piel, algunos son golpeados con martillos, otros se hinchan al soplar o jalar una palanca, otros se hacen sonar jalando alambres metálicos o cuerdas como de arco ya sea con los dedos o con otras herramientas.
Escuche mi señor – Le dice el mago a Venado – la canción que toca una de las bandas es un poco diferente a la otra, esto sirve para darle más riqueza al sonido, además que en cuanto entren los bailarines éstos agregarán varios niveles más de profundidad con sus cascabeles y cuerpos, mire que...
¡Calla mago! – Ordena Venado.
Como si hubiesen sido invocados por el mago, dos grupos de danzantes entran al salón por entre las bandas de músicos, algunos con las manos hacen sonar una especie de conchas de madera, otros a cada paso tintinean con los cascabeles en sus tobillos mientras otros más con con sus contoneos hacen sonar sus faldillas de cadenas de plata; las lustrosas pieles y gráciles movimientos le recuerda a los jaguares, pareciera como si una manada de estos hubiese sido entrenada para brincar de aquí para allá al compás de la música, pero éstos no son jaguares, caminan como hombres, hablan como hombres y bailan como hombres, pero no son hombres.

La mujer le ofrece una especie de galleta de un platón, el mago lo invita a tomarlo, venado toma con cuidado el panecillo y se lo lleva a la boca.
El próximo tómelo con la boca – Le murmura el mago al príncipe – No lo olvide, acaríciela.
¿Qué es esto? - Pregunta venado mientras mastica el bocadillo.
Es una mezcla de pescado con ciertas semillas molidas y leche – Contesta el mago, pero al ver la reacción del príncipe agrega - No se preocupe, es leche de las bestias de carga, aún no las ha visto, son como venados, pero mucho más fuertes, fácilmente pueden cargar a un hombre y se usan comúnmente para transportar mercancías entre las provincias, y aunque algunos lo hacen, no es bien visto comer su carne.
Son buenas, dile que me gustan sus galletas – Dice venado mientras se estira para tomar otro de los panecillos del platón; el mago obedece y comienza a traducir a la acompañante del príncipe un largo elogio a las artes culinarias de sus anfitriones.
¿Por qué hace eso? - pregunta confundido el príncipe mientras la mujer le lame los dedos.
Mantiene limpias sus manos – Le explica el mago – correspóndale acariciando su cuello.
¿Es necesario? - Pregunta venado mientras a regañadientes rasca a la mujer que se muestra extasiada.
Es lo mínimo – Explica el mago – Según la tradición usted debería sostener relaciones sexuales con ella frente a la corte, tal vez ella ha notado que usted no está cómodo con toda esta situación, por lo que no ha tomado la iniciativa; este ritual tiene como finalidad...
¡Calla mago! - Gruñe venado

El príncipe observa a los miembros de la corte, trata de no hacer caso a los que se revuelcan sobre cojines, o los que por su escasa vestimenta no puede identificar su rol, sin embargo sí logra distinguir a uno que parece ser un general o al menos sus relucientes armas metálicas parecen indicar que se trata de un combatiente de alto rango, lo mira comer pequeños pecesillos de un cuenco, sacándolos aún vivos y echándoselos a la boca.

Mago ¿Quiénes son los sacerdotes? - Pregunta el príncipe.
No hay sacerdotes mi Señor – Comienza el mago – los llamados templos no son tales, sino meros palacios donde se reúnen los sabios y eruditos a realizar investigaciones, consultar registros y debatir acerca de la administración de las provincias.
Entonces ¿No tienen Dioses? - Pregunta venado, mirando de reojo como su acompañante juguetea con las argollas en sus pezones.
Si lo tienen mi Señor – Explica el mago – Es un Dios vivo, él se encuentra en la capital del imperio, es el llamado “Dios Sol”.
Un dios vivo – Murmura venado – ¿Es posible matarlo?
No lo sé mi Señor, tiene cientos de años – Contesta el mago – Pero si el virrey de esta provincia se lleva una buena impresión seguro y nos otorgarán una audiencia con el Rey Dios.
Y podremos mover todos nuestros hombres con libertad hasta la capital... - Complementa Venado.
No sólo eso mi señor – Comenta el mago visiblemente emocionado – La “Reverenda Madre” me aseguró que se nos proveería de suministros y bestias de carga para llevar nuestros presentes con el Dios Sol.
Ante las palabras del mago, el príncipe sólo sonríe, mientras frente a ellos las mujeres continúan con sus complicados bailes.

De pronto, la música cambia de ritmo, los danzantes se retiran y la corte levanta la cara de sus platos, o de lo que estén haciendo, luego bajan sus manos y las ponen palmas arriba al lado de su cuerpo.
Mago, qué hacen – Pregunta Venado al ver que hasta su acompañante hace esto.

El Virrey está por llegar mi señor – Le dice el mago haciendo la misma pose que los demás – Haga lo que yo; levante la cabeza, enderece el cuello, alce la barbilla y cierre los ojos.
¿Cuándo los abro? - Pregunta el príncipe, no acostumbrado a hacer reverencias a alguien fuera de su familia.
El heraldo anunciará el nombre del virrey, - Le explica el mago en voz baja, mientras los músicos hacen una suave melodía.
El príncipe escucha con atención, puede oír cómo la gran puerta del salón se abre, no escucha pasos, pero sí el roce de pesadas telas contra el suelo, también delicados tintineos, y de pronto un fresco aroma le envuelve, como la mañana en el mercado, frutas frescas, aceite, flores, dulces y miel, esto le trae recuerdos de su niñez, cuando vivía con su madre, a la que acompañaba a la plaza junto con sus sirvientes a comprar las provisiones de la semana; su mente apenas comienza a divagar, cuando una fuerte y aguda voz, anuncia algo, luego de esto otra voz se escucha, pero esta es casi entendible, aunque sigue siendo chillona.
Abra los ojos mi Señor – Le dice el mago – Frente a usted tiene, al poderoso virrey Ieoshanan.
El príncipe abre los ojos y contempla que entre la corte se ha acomodado un pequeño trono de madera blanca, tallado con motivos de ardillas, en él se encuentra un hombre maduro, su cabello es cano, pero aún abundante, se ve algo rechoncho, pero no gordo, tiene un rostro bonachón, y su complicado tocado de metal y madera le cubre hasta los ojos, sus ropajes se encuentran adornados con multitud de pequeñas cuentas multicolores, que forman figuras de roedores e insectos. Este hombre habla entonces con voz grave, casi como si cantara y después hace una pausa; al lado de él se encuentra una mujer como las que encontraron en el templo a la entrada, ésta entonces habla en su voz chillona, ella debió haber sido la que habló luego de la entrada del virrey.
El virrey le da la bienvenida a su provincia mi Señor – Le dice el mago – Desea y muera en esta tierra luego de la gran fiesta que harán en su honor.
¿Qué dices mago? - Gruñe venado mirando de reojo a los guardias al lado de la gran puerta.
Tranquilícese mi Señor – Le dice el mago tratando de calmarlo – Es una forma de saludo, permítame contestarle.
Así el mago se puso de pié y habló, la mujer entonces habló con el virrey, éste lucía encantado con lo que escuchara y volvió a dar una especie de discurso, que luego era interpretado por la mujer que tenía al lado.
El virrey quiere que disfrute su fiesta y su estancia en esta tierra, - Traduce el mago - él y su gente están contentos por su visita, pregunta al gran emperador por lo que ha sido del imperio en todos estos años.
Dile que hemos crecido grandes y poderosos, que nuestros dominios están limitados por las grandes aguas y que nuestra riqueza la compartimos con nuestros amigos – Dice venado – Que entren los cargadores con los regalos.
Así se hará mi señor – Responde el mago, se dirige entonces a la mujer al lado del virrey y habla con ella, ésta a su vez habla con el virrey y éste con emoción asiente y hace una señal a sus guardias; uno de ellos sale y en breve regresa seguido por otro de los magos y numerosos cargadores.

El mago recién llegado lleva ropas recién teñidas y la cara pintada con complicados patrones, de entre sus ropas saca un códice y con cuidado lo desenrolla para luego en una lengua antigua, comenzar a enumerar los regalos que uno a uno son presentados frente a la corte.
Bultos de cacao y dorado maíz, preciosas plumas, jade, oro, plata y obsidiana, pero nada de esto parece impresionar al monarca; la mayoría de la corte mira con curiosidad los regalos, algunos se acercan a ellos y aún prueban los granos, el virrey no luce interesado.
Mago, ¿Por qué al virrey no le gustan los regalos? - Pregunta el príncipe viendo que el oro que han presentado es apenas comparable a lo que lleva encima uno de los guardias.
No lo sé mi señor – Le responde el mago pensativo – Escondimos las pieles de jaguar para no ofenderlos.
Ambos escuchan con atención cómo la mujer traduce las palabras del otro mago, el cual al acomodar los códices, uno de ellos resbala de sus manos y cae al suelo, el virrey y algunos miembros de la corte no pierden detalle de esto y miran el documento con interés.
Espere un momento mi señor – Dice el mago al príncipe y se dirige a donde está el otro. Los magos hablan en su horrible idioma que usan sólo frente a la gran bruja, luego de un rato parecen llegar a un acuerdo, el mago regresa a su lugar y el otro se aproxima al virrey y le entrega los códices. El rostro del hombre parece iluminarse al contemplar el colorido en las páginas, comparte algunas hojas con los miembros de la corte y con la mujer.
El mago habla señalando los pergaminos, acto seguido que la mujer traduce al virrey.
El primer mago regresa al lado del príncipe.
¿Qué le dijiste mago? - Pregunta Venado
Que traigan más códices mi señor – Responde el mago trinfante - Ellos aprecian mucho el arte, también les prometí que un par de tlacuilos les enseñarían a leerlos y dibujarlos.
En cuanto los cargadores y el otro mago se han retirado, el virrey da una órden y la música cambia de ritmo y los miembros de la corte y sirvientes hacen silencio y prestan atención a uno de los portales, dos niños salen esparciendo en el cuarto hojas violáceas de un suave y dulce aroma, tras ellos cuatro sirvientes cargan un palanquín de madera roja, en él, sentada sobre una especie de nido de flores y follaje vine una niña, su piel y pelo lucen brillantes y cobrizos, como si hubiesen sido untados en aceite.

No pensé que lo fueran a hacer, al principio se mostraron tan escépticos... - Murmura para sí el mago.
¿Qué es esto mago.? - Pregunta Venado sin perder detalle de cómo los sirvientes bajan el palanquín justro frente a él y trata de no hacer caso a su acompañante que lo abraza con fuerza.
Ella es la hija del virrey - dice el mago señalando con la mano a la niña. - Cuando los sirvientes terminen de acomodar a la niña, ofrézcales el plato de los bocadillos y el cuenco.
La acompañante del príncipe se levanta, le da la mano a la niña y la ayuda a ponerse de pie y bajar del trono vegetal, sólo lleva sobre sí una corona de hojas verdes de la cual cuelgan pequeños frutos rojos, la niña se da la vuelta y la acompañante del príncipe la ayuda a tenderse en la mesa frente al príncipe.
Un suave olor a perfume llega a Venado, observa a la niña, ésta lo ve con sus grandes ojos ambarinos, parece extasiada ante lo que ve. Lo sirvientes entregan a la acompañante de Venado un magnífico cuchillo de plata para luego tomar el palanquín y retirarse, la mujer vuelve al lado de Venado y se pone de rodillas ofreciéndole el arma.
¿Qué hago mago? - Pregunta sin perder de vista a la niña tendida de espaldas frente a él.
Según la tradición, debe comerla mi Señor – Responde el mago.
¿Qué dices mago? - Pregunta venado mientras observa a cómo las miradas de la corte y todos los presentes están fijas en él.
Debe matarla mi Señor – Explica el mago – lo ideal sería que la mordiera en el cuello pero como usted no tiene colmillos le han proporcionado un cuchillo, luego debe comer un poco con un bocado basta, luego los sirvientes llevarán el cuerpo a la cocina donde...
¡Calla mago! - Gruñe venado mientras cierra los ojos y aprieta los puños.
El príncipe abre los ojos, con cuidado y sin perder de vista a la niña toma el precioso cuchillo de plata, lo limpia en sus ropas y lo empuña con firmeza; se pone de pie, las miradas de todos los presentes están fijas en el rostro del príncipe, bajo su complicado tocado y brillantes pinturas, se puede ver que se mantiene sereno, seguro, la niña está a sus pies; cierra los ojos y sonríe.
¡Suficiente! - Exclama Venado y a grandes zancadas avanza hacia el virrey, sus guardias le salen al paso, pero la hoja del príncipe es más rápida y encuentra con presteza su carne velluda; algo murmura el virrey, los demás miembros de la corte gritan, todo esto es incomprensible para el señor del reino de las nubes, que sin prestarles atención apuñala al virrey, su cuerpo fofo se desparrama sobre el suelo; los presentes corren, tropiezan, algunos caén, todos gritan, las hojas emergen de entre las sedas y joyas; el príncipe recorre el cuarto con su mirada, con agrado ve como sus guerreros han comenzado su trabajo, a sus pies las banderas y estandartes de colores se manchan de la sangre que corre por los pulidos pisos del salón, los gritos suenan lejanos, como si sucedieran en un sueño, la hija del virrey corre hacia él, exclama algo en su chillón idioma, pero el limpio corte del cuchillo de venado convierte sus gritos en un gorgoteo.

A la entrada del salón le espera su guardia de honor con sus armas, mientras, en los alrededores de palacio, bosques de lanzas corren por las blanquísimas calles iluminados por las llamas de las antorchas e incipientes incendios, sus gritos de guerra se mezclan con los lamentos y alaridos de los habitantes de la ciudad.

¡Desóllenlos, a todos! - Son las palabras del príncipe antes de abandonar el recinto.