Friday, April 21, 2017

La pizza

Me gusta la pizza, quizá no tanto como otras comidas, ni como para comer a diario, sin embargo, nunca he probado una que me desagrade del todo, recuerdo que un amigo comentaba, "la pizza es como el sexo, aún cuando está fría, sigue siendo pizza"; quizá su encanto recaiga en su extraordinaria mezcla de sabores tan intensos y en cierta forma chocantes: dulce, salado, picante, todos revueltos con mucha grasa, en teoría no debería funcionar sin embargo, en la práctica es muy aceptada, sobre todo por los adolescentes, aunque y dado que éstos aún no han desarrollado completamente su sentido del gusto y/o lo tienen destrozado por tanta hormona, pues...

Eso me recuerda, cuando estaba en la escuela, salía con una chica, y claro, la invité a comer pizza, el plan original era ir a la casa y ver una película, tenía refrescos y botana aunque no mucho dinero así que me pareció un buen plan, ella vivía en el centro así que fuí por ella, o al menos ese era el plan porque a medio camino me quedé sin carga, llamé a la chica y le dije que enviaría un taxi por ella; mientras buscaba donde podía recargar el vehículo pasó una pipa de gas, la cual se detuvo, bajó un hombre gordo de lentes en camiseta blanca y vaqueros desteñidos, "¡Ese coche no está bien, te digo!" me comentó mientras me ayudaba a conectar el vehículo, que en breve estuvo de nuevo en operación; le agradecí y continuó su camino.

Regresé a casa justo antes de que ésta chica llegara; estaba todo listo, tenía la comida y la película "Los pancheros" una cinta de bandas criminales. Cuando ella llegó no pareció muy interesada en ésto, yo tenía mis planes y ella los suyos, tanto así que se comenzó a desnudar, preocupado por que mis padres llegaran y me encontraran con una mujer desnuda en la sala, le sugerí salir a comprar una pizza; contrario a cualquier pronóstico, ella aceptó y nos dirigimos al coche.

Ya anochecía cuando salimos, el cielo estaba despejado y el aire se sentía fresco, sería una maravillosa noche estrellada, magnífica para una cita, así que la llevé a un restaurante frente a una concurrida y bonita plaza, dejé el coche cerca de una vecindad para no pagar estacionamiento, me dí cuenta que la vecindad tenía una letrina que daba a la calle, buena elección pues daba un olorcillo que tumbaba; cruzamos un túnel y la plaza, la cual estaba muy concurrida por las más variopintas tribus urbanas, como siempre estaban los vendedores de refrescos, flores, dulces, los pintores de aerógrafo, una mesita donde vendían pulseras de camino a los sanitarios públicos, estatuas vivientes y demás atractivos nocturnos, no hicimos mucho caso y nos dirigimos al restaurante.

Al acercarnos la marquesina me llamó la atención e hice notar de ésto a mi acompañante, pues había dos aves peleando, aves reales, vivas, aparentemente las habían pintado como las mascotas del negocio, cuestionable decisión por las leyes de protección animal aunque original sin duda.

Al lado de las puertas estaba una casi olvidada fila de teléfonos públicos, y al otro un mostrador donde vendían helados y otras golosinas.

Ya adentro, el sitio se veía limpio y ordenado, varias mesas ocupadas, en el monitor del comedor estaba el programa "Vida de los famosos", mostraban un puerto congestionado de lujosos yates y hablaban de lo difícil que era navegar en esas condiciones.
Al llegar a la ventanilla para ordenar, me encontré con conque habían cambiado el sistema lo habían actualizado a una plataforma libre, tenía enormes ganas de examinarlo a detalle... Como notando mi confusión ante la máquina, se me acerca la chica hostess.
Buenas noches, ¿es nuevo cliente? - Sonríe mientras me muestra las opciones para ordenar en el monitor. No presté mucha atención a sus palabras, pues en ese momento pude ver que entró un grupo de jóvenes con muy mala pinta, el primero de ellos, un tipo delgado con sweater raído.
¡Busco al Pum, Juan y Pedro! - Anunció para sin más meterse a la cocina.
¡Ésto es una broma bro! - Anunció un segundo de camisa blanca con tirantes, al momento de sacar un arma, acompañado por los otros golpearon a una de las cajeras, a lo que la otra sin dudar abrió las cajas y les entregó el dinero, en eso se escuchó el sonar de un teléfono, el tipo de tirantes contestó:
¡Ni me digas así! ... ¡llevo 17 años separado de Letty!... - luego se carcajeó sonoramente, Aprovechando su distracción patee una de las sillas contra el tipo, ésto le hizo perder el equilibrio, hice lo mismo con una mesa, veo como otros comensales se han unido a la ofensiva, lanzan objetos y comida a los maleantes, no me quise quedar atrás así que tomé uno de los servilleteros metálicos y se lo lancé a la cara al tipo de tirantes, estoy seguro que le tumbé los dientes, pues sólo vi que se llevaba la mano a la boca ensangrentada. Recordé a mi amiga así que fuí por ella a sacarla debajo de la mesa donde se estaba refugiando, ella me señala el arma que soltó el tipo de tirantes al ser golpeado, es cuando me doy cuenta que los cacos traían armas de juguete.

Al salir de ahí, nos encontramos que en la plaza había un caos, se había desatado una pelea entre las bandas presentes, mientras en el restaurante habían optado por cerrar las cortinas de acero de las ventanas. Ya no era opción regresar, así que tendríamos que ir por el coche, mi compañera traía de esos tacones que se amarran hasta la rodilla y claro que no podría correr, ni se los quitaría, así que la llevé en brazos, por el camino caí en cuenta que no traía sostén, le podía ver los pezones y no parecía importarle, me pregunté si sería vírgen como me había presumido; me aterroricé al pensar que mis padres llegaran a casa y encontraran la prenda sobre el sillón.

Fuí a dejar a mi amiga a su casa, le pedí disculpas de la cita y regresé a la mía, al llegar, revisé las noticias buscando la nota del asalto al restaurante, la encontré aunque lo que más me llamó la atención es que algún gracioso había agregado los apodos de los empleados. Entre ellos destacaba "Boipussi" un particularmente afeminado adolescente de largo y sedoso cabello e improbablemente terso rostro, quien para sorpresa de nadie tenía muchos comentarios. Yo también me alegro de que en aquella ocasión "Boipussi" saliera ileso.

Friday, April 14, 2017

La competencia de escalada

Cuando estaba en la escuela, hubo una competencia de escalada, necesitaba los créditos así que entré junto con otros dos compañeros. Además, habría un premio en efectivo que sin duda no caería mal.

La idea era sencillo, construir una máquina capaz de trepar una columna en el menor tiempo posible; varios días estuvimos discutiendo acerca de cómo construir el aparato, en dónde armarlo y qué piezas usar, uno de mis compañeros tenía acceso a un taller de maquinado en una universidad privada, así que por herramienta no tendríamos problema, por mi parte, dibujé un par de propuestas y mi otro compañero se excusó por su trabajo y sólo aportó algunas piezas, jamás se volvió a aparecer.

 Debido a que no avanzábamos mucho, perdí la paciencia y construí por mi parte un chasis de aluminio con perfil que había en casa, tomando en cuenta las piezas con que contabamos, partes de juguetes, viejos actuadores y una fuente de dudosa procedencia; así ya con algo en forma, nos pusimos de acuerdo en un diseño y nos quedamos de ver en su casa a armar el condenado aparato.

La casa de mi compañero quedaba algo lejos, aunque cerca de una estación del tren, entare Juárez y Morelos, una zona bastante feíta y peligrosa, al bajar de la estación me encontré con un dragón dando un recorrido sobre la calle, era una de esas máquinas que antes usaban para la vigilancia. Pasé por enfrente de una cantina que una cortina apenas cubría a los beodos en su interior, mientras que un vago les lanzaba algo que quiero suponer y era lodo

Creí que iríamos al taller de maquinado que tanto había presumido, sin embargo para mi desilusión, todo lo hicimos en el patio de su casa con una tostadora por ayudante, fueron varios días de ajustes, soldadura, codificación y montaje. Yo estaba trabajando ya, así que tuve que faltar al trabajo un par de días por armar el condenado aparato.
Al final quedó más compacto de lo esperado y soprendentemente confiable, aunque para hacer la cosa más interesante mi compañero le pintó dientes, ojos y le puso un sombrerito muy mono. Parecía como un enanito con garras, se veía aterrador.

Ya en la escuela, los demás equipos trabajaban en sus  máquinas, algunas se veían mucho más elaboradas, y otras símplemente no funcionaban, ofrecí herramienta a un equipo que tenía problemas con los ejes más no la aceptaron. Con la emoción me dieron ganas de ir al baño, aunque debido a la construcción que se estaba haciendo al lado del árbol de los fumadores los sanitarios más cercanos estaban cerrados, por lo que tendría que dar vuelta por los pasillos hasta la tienda e ir hasta el otro edificio, por lo que opté por esperar un poco. Y aparentemente no era el único impaciente, pues la máquina en su modo espera me arañaba la pierna.

 La competencia fué entretenida, se reunió un nutrido grupo de curiosos y algunos estudiantes acarreados de primeros semestres, nadie perdía detalle de las máquinas, algunas trepaban, otras ni siquiera encontraban la columna, alguna sólo vibró un poco para luego hacer humo, en nuestro caso, las garras hicieron una enorme diferencia, pues no importando el marcar la columna, el aparato se encaramó de inmediato y se lanzó hacia arriba a toda velocidad dando de lleno en el capitel haciéndose pedazos. Ahí mientras a nuestro alrededor caían partes de la máquina, fué cuando vi por primera vez a la que fuera mi esposa; contemplaba con extrañeza el inesperado espectáculo; destacaba por su altura, tez blanca de mejillas sonrosadas por el sol, un ondulado cabello castaño hasta los hombros, top negro, preciosa; no la volvería a ver sino años después.

Friday, April 07, 2017

Normis

La señorita Norma trabaja para Don Richard, el hombre de los helados; ella cocina, hace la limpieza y la colada, además de que cada martes y sábado va a hacer la despensa, sin falta; sube por las escaleras, pues tiene un poco de miedo al elevador, luce un uniforme sencillo aunque algo anticuado, siempre impecable, siempre reservada, aunque jóven, luce mayor, usa anteojos de pasta que con dificultad ocultan unas incipientes ojeras; estudia en la nocturna, así que los desvelos y el trabajo la dejan exhausta; tabaja para pagar la escuela y cuenta que en cuanto termine se mudará a la capital.

Por ahora asiste a Don Richard, de lunes a sábado, por las mañanas; quien luego de la muerte de su esposa vendiera su negocio de helados y se retirara a vivir sólo en un departamento.

Normis de vez en cuando visita al Doctor, para consultar sus inexistentes dolencias.
- ¡Como quinceañera.!
Suele comentar el Doctor al dar su diagnóstico, siempre le recomienda reposo y diversión, pero ella no puede, tiene muchas cosas que hacer.

A veces se le encuentra en la estancia frente a las escaleras, garrapateando en una pequeña libreta sosos poemas que guarda en su delantal, si se presta atención se puede escuchar que muy bajito murmura para si misma.
- Tal vez si usara flores, tal vez si cortara mi cabello, tal vez si lo pintara de azul cielo.

Pero tal vez esa no sea la solución porque no es mujer.

Friday, March 31, 2017

La planta de óptica

Me llamaron de la planta de óptica, era de la línea donde fabrican los emisores, aparentemente tenían problemas con las máquinas de pruebas destructivas.

Nunca había ido, me habían contado y había leído un poco pero realmente nunca había entrado a las instalaciones, es un lugar maravilloso, las paredes de cristal, los muros de inoxidable, las formas redondeadas del mobiliario, cromo, cristal, señalización minimalista, algunas plantas en recipientes hidropónicos colgando de lámparas, increíble, símplemente en el lobby había una máquina especialmente dedicada a tocar un piano, es otro mundo.

En recepción me identifiqué, me entregaron mi gafete, y me desearon suerte. Es raro, generalmente te asignan un acompañante por las instalaciones, más no aquí, sólo sigues las flechas de la pared, éstas me conducían al patio central.

Al salir me encontré que los proveedores para moverse llevan consigo una especie de patín motorizado para moverse entre líneas, aún en los patios tienen carriles asignados para no estorbar la maniobra de vehículos pesados.

Pasé al lado de un enorme pino, que segúramente habían trasplantado de la sierra u otro lugar, pues estaba asegurado con tensores; me acerqué un poco, aparentemente el lugar que le habían asignado no había sido suficientemente grande, así que al traerlo, tuvieron que romper el concreto y aún así, cavaron muy poco y la raíz, la cual era particularmente pequeña para un árbol tan grande, no estaba totalmente cubierta.

Al llegar al laboratorio de pruebas saqué mi equipo, lo conecté y lo dejé corriendo diagnósticos, para no aburrirme, estuve curioseando un rato, no me atreví a tocar nada, aunque me sorprendió que en uno de los armarios estaba una unidad DORF, entusiasmado llamé a mi contacto, le mencioné mi hallazgo, estaba vieja y sucia pero parecía en buen estado, no compartió mucho mi entusiasmo pero me indicó que si encontraba más equipos revisara y llevara a almacén. Con la autorización, conecté la máquina y comencé a correr diagnósticos, todo estaba en órden, algunas rutinas algo antiguas, cómo no si esas cosas se usaban cuando yo estaba en la escuela, que buenos recuerdos me traían, en un momento la tuve en línea, justo cuando terminaron los diagnósticos del equipo de pruebas, sólo era cuestión de hacer algunos ajustes triviales, volviendo con la unidad, encontré que había otras en varios puntos, revisando me doy cuenta que están en sendos armarios de otras máquinas de pruebas, revisando encuentro rutinas de mantenimiento precísamente para éstas máquinas, aparentemente se usaban como unidades de respaldo para arrancar manualmente de manera automática las máquinas. Así que para que no estuviera ociosa en lo que revisaba el resto de las máquinas, la usé para que mandara a diagnóstico a las demás DORF y arrancara; así que luego de un rato era seguido por una pequeña comitiva de unidades, mismas que llevé a almacén.

En el reporte incluí una propuesta para actualizar, reconfigurar y reinstalar las unidades DORF en los laboratorios; si aceptan, podré pasarme al menos un par de días jugando con esas cosas. Sería magnífico.

Friday, March 24, 2017

La cañada

Fuí a supervisar una obra en una cañada, se estaba tendiendo una línea de conductores y por algún motivo requerían que alguien se asegurara que las máquinas hicieran correctamente el trabajo. De verdad, a veces no sé por qué me llaman para hacer ésta clase de trabajos, existen muchos proveedores que se enfocan en ésta clase de labores o aún podrían usar alguien de su propio equipo, debería ser más barato y para ser franco no es complicado; siempre me ha intrigado el por qué me llaman para éstos asuntos, es un buen ingreso, lo acepto y lo agradezco, pero cada que me llaman no puedo dejar de preguntarme, ¿por qué yo?, no es como si fuera el hada madrina de las máquinas o algo así. 

La línea estaba siendo tendida siguiendo un el cauce de un arroyo, trabajo trivial para las máquinas, salvo que la constructora planeaba remover a un grupo de personas que estaban viviendo ahí, en un asentamiento irregular ubicado en un banco de grava; huelga decir que ésta gente estaba muy molesta pues se les desalojaría temporalmente de sus precarias construcciones de madera, lámina, cartón y plástico en una zona de alto riesgo, así se aglomeraban en la zona donde estaban los remolques para gritar consignas y en general lucir amenazantes, curiosamente ahí me encontré que entre los manifestantes estaba a un amigo, el cual por cierto es arquitecto con su esposa y otra persona, quienes me explicaron que la gente debería tener el derecho de vivir donde le pegara la gana, pues el río oficialmente es propiedad federal por lo que no debería haber injerencia de particulares, hablamos con el jefe de la obra, un coreano que lucía cansado y fastidiado de la gente y sus gritos, su intérprete, era un americano alto y rubio el cual no resultó muy amigable aunque sí respetuoso y escuchó a la gente. A lo más que pude llegar fué a que la empresa se comprometiera a agregar un puente para su instalación y así no perturbar el asentamiento.


De regreso a casa, por la calle me encontré con un par de enormes conejos, los cuales alguien, seguramente considerando y sería una magnífica broma, les había ajustado sendos arneses, uno de los animales, de color blanco tenía ajustado un cuchillo en el lomo, el otro, de pelaje gris, un arma de fuego, me alejé de ahí a paso presto, aunque alcancé a ver al doblar la cuadra otro animal, éste café con blanco, con otro cuchillo.

Friday, March 17, 2017

La escuela

Estuve dando clases en una universidad, la paga no era buena pero tenían buen servicio médico y el horario era cómodo, así que me dejaba tiempo para trabajar en proyectos personales, quizá lo más sorprendente era que se trabajaba prácticamente con palitos y piedritas, recuerdo una ocasión en que estaba dando un taller de programación; al revisar la gaveta de materiales caí en cuenta que no tenía el cable correcto para conectar las máquinas con una terminal, así que sugerí a la clase armar uno con cable conductor que había, no era del calibre ni había conexiones en especificación pero sería una buena actividad de aprendizaje, algunos alumnos sugirieron usar señal, lo cual no me gusta del todo, así que propues que un equipo armara el cable y el otro configurara la conexión por medio de señal y cargaran una rutina sencilla el libro.

Ahí mismo solicité hacer mi posgrado, al presentar mi papelería al comité, les gustó mucho mi libreta de notas, era maravillosa, con detallados diagramas, enmarcadas por paisajes y viñetas alusivas, aún fondos con escenas determinantes respecto a los contenidos, prácticamente era un libro listo para publicarse.
Sin embargo, no pasó lo mismo con el proyecto que expuse, era una máquina, armada con componentes genéricos y actuadores multipropósito, básicamente era una máquina de tarea universal con una interface simple y amigable para el usuario.
 Me preguntaron cómo había creado un módulo universal, les expliqué que sólo había creado una interface que servía de intérprete entre los diversos módulos preexistentes y nuevos podrían ser integrados de manera sencilla según fuera necesario.

Al mandar a realizar tareas de rutina, la máquina se quedó estática; no había errores ni alarmas encendidas, mandé a correr tareas algo más complejas, de nuevo, nada, estaba confundido, tenía meses funcionando a la perfección, consultando la terminal, los números estaban correctos, el error estaba en la salida, así que con desesperación, intenté recablear, y volver a correr una rutina, sólo conseguí que la máquina derramara un poco de fluído hidráulico.

Recuerdo mucho ese día, pues coincidió con el despegue de la primera misión tripulada a Marte, todos recuerdan la transmisión pues hubo un atentado terrorista, los saboteadores habían puesto cargas explosivas en los tanques, en los videos se puede ver como éstos se colapsan y hunden durante el despegue, nunca supe realmente cuál fué la versión oficial de ésto, quién plantó las bombas o con qué propósito, el gobierno siempre ha mantenido un alto secreto alrededor de ésto.

No me aceptaron en la maestría; quiero pensar que éstos se debió a que aquel año hubo un gran recorte de presupuesto para investigación y cancelaron muchos proyectos. Sin embargo, el Carter I logró despegar y completar su misión.

Friday, March 10, 2017

Los macacos

Cuando vivía en la capital, trabajaba en una planta de actuadores hidráulicos, básicamente haciendo diseños, documentando y redactando manuales de usuario, era algo aburrido, pero conocí gente interesante y aprendí algo de ingeniería.
La oficina estaba en una parte fea de la ciudad, cantinas, burdeles y edificios abandonados habían depreciado enormemente aquella zona, que otrora fuera punto referente para el comercio de la urbe, motivo sin duda por el cual se movieron las oficinas a ésta ubicación.
La calle estaba en reparaciones, no recuerdo si era por alguna ampliación del tren, reparando alguna línea de combustible o símplemente reemplazando el asfalto de espantosa calidad que solían usar; el caso es que tenía que estacionarme a varias cuadras y andar un buen tramo entre los montones de materiales y escombro.
Salí tarde de la oficina, como siempre al ingeniero se le había ocurrido que se enviara un diseño modificado al cliente al último momento, innecesario totalmente, pues aquellas gentes solían dejar el trabajo puntualmente al terminar el turno, no así yo, que tuve que pasarme todavía varias horas haciendo cambios.
Cuando salí a la calle ya era tarde, estaba particularmente obscuro, pues con las reparaciones el alumbrado público no estaba funcionando, al menos el resplandor de los bares en las calles aledañas evitó que cayera en alguna zanja.

Luego de andar una cuadra caí en cuenta que frente a mí andaba una mujer, tal vez trabajadora de los tugurios locales aunque también, tras de nosotros venían dos tipos, de reojo pude ver que uno era blanco, de cabello largo, por la obscuridad no podía reconocer los rostros pero se veían sospechosos, amenazantes, supuse e irían a asaltar a la mujer, pero fueron contra mí, uno de ellos llegó por detrás y me sujetó mientras el otro metía sus manos en mis bolsillos; les pedí que no se llevaran mi cartera, había sido un mes difícil así que no tenía mucho dinero, ni el comunicador, pues lo necesito mucho y fué un regalo de mi esposa. No les importó.
"¿Es lo único que traes?" - Rugió uno de ellos incrédulo, así que para quitarse el mal sabor de boca me dieron una golpiza para luego perderse por entre una de las obscuras calles.

Después de un rato me senté en la banqueta derrotado, me dolía la nariz no sabía si estaba rota, pero estaba seguro que si sangraba, también los dientes, afortunadamente no quebraron ninguno, me levanté y fuí al coche; mi experiencia me había enseñado a ser poco más cuidadoso, y ahora noté que dos personas venían por la calle, pude distinguir que eran ellos, reconocería a ese greñudo donde fuera, sin pensar abrí la cajuela y de la caja de herramienta saqué una sierra manual; me acerqué a ellos y sin pensarlo le dí al greñudo en la cara, el otro sorprendido, trató de ayudarlo, primero un arañazo en el brazo, luego en la cabeza, los hombres gritaban, no dejé de golpear hasta que se tiraron al suelo donde comenzaron a ser más cooperativos y me dejaron revisarles; recuperé mis cosas, subí al coche y me largué.

La cicatriz en la nariz ya es muy pequeña y casi no se nota.