Friday, February 10, 2017

La sirena

En la casa, algunas noches, se alcanza a escuchar una sirena, vestigio de la guerra.

Las sirenas fueron instaladas en toda ciudad de relevancia, servirían como un aviso previo a un bombardeo, dando tiempo suficiente para que la gente pudiera acudir a un refugio o prepararse para lo peor; se montaron sobre altos postes, con baterías atómicas y conexión inalámbrica encriptada, formaban una red entre ellas y con varias centrales, las primeras con sensores sencillos aunque robustos, las segundas con dedicadas máquinas apoyadas con gente que incansablemente escudriñaba el cielo, cada una podía localizar, evaluar y declarar una amenaza, aunque preferentemente buscaba consenso con las otras, ante la duda, la alarma sonaba; así, las primeras semanas de calibración vinieron integradas con numerosos simulacros que pusieron en evidencia las carencias de los programas de protección a la población y sus áreas de oportunidad. En poco tiempo se pulieron detalles, ampliaron entradas, estandarizaron protocolos, se mejoró la señalización y en general se reforzó la educación de la población, al punto que para los últimos simulacros apenas ocurrían incidentes dignos de mención. El sistema estaba listo.

O al menos se pensaba, porque los bombardeos nunca fueron dirigidos a los centros poblacionales, sólo a las instalaciones militares y concentraciones de tropas; así que luego del relámpago y posterior temblor la gente dejaba sus cosas, desconectaba los servicios y corría a su refugio más cercano que era más o menos cuando comenzaban a sonar las sirenas, el sistema funcionaba, sólo que con un poco de retraso, justo como los escudos de misiles, sólo eran una bonita exhibición de fuegos artificiales luego de presenciar el nacimiento de un nuevo cráter.

La sirena sigue sonando... ya a nadie le importa.

Friday, February 03, 2017

El cine

Ayer fuí al cine, me gusta mucho, antes que el contenido la experiencia, la sala obscura, los resplandores neon, la gran pantalla, el olor a desinfectante, grasa y caramelo.

Fuí a ver la última cinta de Armando González Ramírez, había leído buenas críticas y dado que realmente no hay nada más rescatable en cartelera, decidí echarle un ojo.

Como siempre hubo muchos comerciales, casi 10 minutos, luego de los cuales cortos de próximas atracciones: Una escritora se enamora de una lectora con quien tiene frecuente conversación por escrito, aparentemente ésta otra mujer es ella misma. Se ve rara y aunque prácticamente cuentan la historia en el corto igual y tiene algún desarrollo interesante; la otra era más de fantasía, situada en la posguerra, una mujer vive sola en una casona, en la que alquila habitaciones para otras personas, sus hijos, todos negros, no podían regresar a su lado, pues los lugareños los desprecian por ser negros supongo, así que como última esperanza, va al parque y regresa comandando una horda de monos, perros y otros animales; no tengo idea que tenga que ver todo ésto, pero al menos se ve muy animada y colorida.

Ya comenzada la función vemos los títulos escritos en varios papeles y letreros de un obscuro callejón lodoso, en una calle aledaña vemos gran cantidad de coches pasar a gran velocidad, llegamos a un taller mecánico que tiene afuera varios barriles de metal obstruyendo el camino, es entonces que nos encontramos con nuestro héroe quien se ha infiltrado en un grupo de revoltosos que planean causar disturbios en la ciudad, su misión es monitorearlos y tratar de disuadirlos creando divisiones internas, por supuesto, no lo logra. Vemos al grupo de malandros acercarse a una calzada comercial a lo que Armando disimuladamente llama a sus compañeros en un coche patrulla para que acudan a rescatarlo, pues pronto comenzarán los actos vandálicos; para cuando llegan, Armando se ha unido a los rijosos y alegremente está prendiendo fuego al aparador de una tienda.

Vienen los títulos para rápidamente regresar a la acción, nuestro héroe conduce velozmente por una autopista elevada en una ciudad costera, a la cual rodea, formando un anillo periférico casi circular, montada sobre elegantes columnas, aunque al llegar al agua se ha construído para ésta vía un terraplén; la vista es increíble, aunque los lentes y el cambio de observador constante hacen difícil el apreciar el panorama, a la altura de un moderno hospital, encuentra señalamientos que inicia una sección en construcción, choca contra vallas y botes, se acaba el asfalto, pierde el control y salta por un lado del terraplén, cae cerca de otro coche, trata de ederezar el vehículo pero derrapa y se va al agua, Armando sólo alcanza a sacar su mochila del vehículo siniestrado, empapado y golpeado continúa caminando hasta llegar a un pequeña cafetería, donde pide un café, la gente comenta entre sí del aparatoso accidente de la carretera, Armando tímidamente le confiesa a la mesera que fué él, por ello se encuentra mojado y sucio. En lo que llega su bebida llama al seguro, se da cuenta que su hermana ya ha puesto el reporte, así que tranquilo, comienza a leer una novela de vampiros. Suena el teléfono, es su hermana, ya han avisado al seguro.

Luego de que sus compañeros han ido a recogerlo, se ha unido en la playa con un grupo de visitantes, debe investigar a los guías de turistas, quienes son corruptos y no los dejan entrar a una de las cuevas, por supuesto ellos se las ingenian para entrar, luego de explorar un poco se dan cuenta que tienen esclavos, hay un guardia, flaco y desgarbado, que rápidamente es sometido de un golpe, el cual curiosamente al ser noqueado se disuelve, dejando sólo su calavera y armamento, Armando toma el arma y comienza a avanzar, mata a otro guardia con balas y también se disuelve, toma el arma, ahora tiene dos, piensa en recargar una de ellas con la que acaba de encontrar, o usar una en cada mano, las revisa, una está casi llena, la otra casi vacía, escucha disparos, vienen por él; se esconde tras un muro, saca el arma y dispara a ciegas, se le han acabado las balas. De aquí todo se convierte en un circo, apenas un par de líneas de diálogo insertadas aquí y allá entre las ráfagas de balas, explosiones, peleas y persecuciones, hasta parece un juego de zombies, donde vemos al héroe repeler oleada tras oleada de enemigos que tratan de trepar un pared cada vez más cansado y con menos armas.

Regresé a casa, no particularmente convencido, aunque muy mareado. No sé, he notado que ya no disfruto mucho las cintas modernas, tal vez sea la obsesión con los efectos especiales o esa tendencia a brincar constantemente de espectador para que éste se sienta en la escena, lo cual realmente entra más en el territorio de los videojuegos y éstos ya resultan casi indistinguibles de las películas caseras, que con tal de dar inmersión, dejan al usuario vagar por la escena, lo que hace que detalles como, encuadre, enfoque o perspectiva se pierden totalmente en favor de que el usuario se la pase viendo las bragas de la protagonista.

Un tiempo quise instalar un proyector en casa, no era tanto por las películas, era más la añoranza del ambiente, una visión más bien romántica de un pasatiempo por otro lado pueril, el sentarse bajo la luz del proyector mientras se disfruta de un bote de palomitas de maíz, me traía muy gratos recuerdos, hasta pinté de blanco la pared de yeso e instalé unos bonitos biombos de madera labrada con personajes de ficción; sin embargo resultaban mucho más costosos que simplemente una pantalla de gran formato, así que por lo pronto he desistido, aunque quien sabe, tal vez si me va bien en el siguiente trabajo, me haga de uno.

Friday, January 27, 2017

El colegio religioso



Me mandaron llamar de un templo; ahí fué donde hice mi servicio comunitario, además que dí clases un tiempo en el colegio anexo, a lo cual acudí con gusto.


Al llegar a la recepción me encontré con una máquina, viejísimo modelo, pero aún así se conservaba en buen estado, la carcaza aunque con algunas despostilladas se veía lustrosa, hacía poco ruido a pesar de no ser de enfriamiento pasivo, despedia un suave olor a espuma limpiadora, lucía un uniforme impecable y le hicieron una trenza muy mona, me identifiqué e informé el motivo de mi visita, a lo que de inmediato me entregó un pase y me pidió esperase a la persona encargada. Para no aburrirme consulté un poco, me sorprendió que respondiera tan bien a la cháchara y aún aquí ya allá usara jerguilla. Tal vez con el constante contacto con los estudiantes había tomado los modismos, además que supongo nunca la habían actualizado ni reiniciado, pues ese modelo era conocido precísamente por desarrollar idiosincrasias basadas en su entorno, como en una línea de ensamble que la máquina en cuanto terminaba un lote se apagaba hasta la llegada del siguiente, en lugar de permanecer en espera; luego se descubrió que uno de los supervisores se aventaba un coyotito después de la comida, el problema se prevenía con regresiones periódicas, aunque ha sido totalmente corregido en modelos más recientes.

Luego de un rato llegó una religiosa, que me explicó que estaban haciendo una remodelación a la cúpula, ésta sería montada en elevadores para levantarla en celebraciones especiales, comentaba que los trabajos casi habían concluído, sólo que el sistema de elevación y el control de la nave principal no podían comunicarse, le pedí me llevase al cuarto de máquinas; me llevó a un armario tras la sacristía donde estaba una terminal, no había control ni repetidores, nada sólo la terminal, le pregunté si había algo más, me confirmó que era todo, le agradecí y se retiró para dejarme trabajar. Era un hecho que esa cosa debía conectarse a algo; al corretear el arranque me caí en cuenta que efectivamente, buscaba las unidades de control, eran tres, las cuales no encontraba. No debían estar lejos, decidí dar un recorrido por el área donde se realizaban los trabajos, es común que se ubiquen las unidades en lugares mejor ventilados y menos visibles. En la nave, las bancas habían sido removidas, cuatro grúas sostenían la cúpula mientras debajo ya estaban listos los elevadores, curiosee un rato por entre los nichos, pinturas y esculturas de santos, varios trabajadores se avocaban en reparar daños en el suelo, pasé junto a un grupo que estaba reemplazando una toma de corriente dañada, me llamó la atención, pues estaba muy cerca del pasillo central, viendo a mi alrededor vi otras dos, que ya habían sido reemplazadas. Les pregunté cómo se habían dañado.
Cuando movimos las bancas - Dijo uno de ellos, entonces entendí todo, le agradecí y fuí a buscar las bancas.

Algún listillo debió haber ubicado las unidades de control y disipadores dentro de las enormes bancas de madera, ciertamente un chispazo de genialidad, pues ayudaban a mantener la temperatura agradable, se tenía un acceso cómodo, no ocupaban espacio y permanecerían ahí mientras existiera la construcción, o al menos eso se pensó.

 Éstas habían sido reubicadas temporalmente a un salón de eventos múltiples junto al colegio, me puse a revisarlas, encontré las unidades de control, luego de conseguir una extensión y correr pruebas, verifiqué su funcionamiento, sólo sería cuestión de regresarlas a su lugar y todo volvería a funcionar; aunque sólo encontré dos. Fuí a buscar a la religiosa, le pregunté qué había pasado con el resto de las bancas, me informó que esa banca debería estar en los patios, pues se mandaría a restauración.


Entre las pilas de material, encontré la banca; efectivamente, las numerosas marcas y letras en la madera hacían necesario una buena resanada y barnizada, ésta unidad también se encontraba en buen estado, así que satisfecho, me puse a escribir mi reporte.

Me dirigía a la recepción cuando me encontré mi ahijada, hace mucho que no la veía, luego de un breve saludo me pidió. "Debes volver." - Dicho ésto se fué tras una torre de tabiques y la perdí de vista.

Venía de salida cuando noté que mi pase me dirigía al colegio, pensé que tal vez se trataría de alguno de mis ex-alumnos o colega jugándome una broma, así que decidí seguir, al subir las escaleras  me encontré con un grupo de alumnos que supongo y me confundieron con un docente, pues me hicieron preguntas acerca de lenguaje de máquina, debo admitir que estoy algo desfasado para lo que ven así que sólo respondí de manera genérica aludiendo a estructuras en lenguaje simbólico que para todo fin práctico son universales, parecieron satisfechos, por lo que siguieron preguntando y les resolví una duda acerca de una compuerta de señal que estaban confundiendo con un altavoz.

Seguí mi pase, supuse me conducía a un aula, aunque al llegar a ésta, me dirigió a un almacén de servicio, donde habitualmente se guarda el equipo de limpieza, entré, estaba algo obscuro, como suele ser en esos lugares, luego de pasar las bahías de las trapeadoras llegué a otro cuarto, donde me esperaban varias máquinas, modelos viejos, aunque en buen estado; al centro estaba la unidad de recepción, habían removido su carcasa, actuadores, todo, sólo habían dejado la manga.
Ésto es lo que soy - Anunció la máquina - ¿Saldrías conmigo?

No tengo idea a dónde llevarla.

Friday, January 20, 2017

El coche

Tenía un coche viejo, de esos que aún usaban combustible, me gustaba mucho, se lo compré a mi padre, quien en su momento le agarró el gusto a los autos modernos; tenía overdrive, control de manejo, y de los primeros con piloto automático y asistencia remota, muy adelantado para su tiempo.

Lo compré ahorrando lo que gané en mis primeros proyectos; era el boom de la reconstrucción, así que había bastante trabajo.

Si bien el coche no era particularmente bello cuando lo compré, si estaba en buen estado y aún luego de bastantes años seguía dando un excelente rendimiento; mi esposa insistía en que lo vendiera pues ya estaba viejo y muy golpeado, porque vaya que le dí mala vida: una vez rayé una portezuela buscando estacionarlo, varias veces le abollé la defensa alcanzando a otros vehículos, le destrocé la dirección al impactar una columna, varias veces quemé sus bombas y la dirección siempre tiraba aceite; pero aún así la máquina no se rendía y seguía funcionando de maravilla, aún en cierta ocasión nos fuimos de vacaciones a la playa; aunque hubo una ocasión en que si tuvimos un susto fuerte, regresando de una fiesta en otra ciudad, muy temprano por la madrugada, yo estaba cansado, conducía detrás de un transporte de personal, el cual avanzaba pesadamente, así que decidí adelantarlo, al transporte no le importó y cambió de carril de manera inesperada e inexorable, sacándome del camino, el coche rodó varias veces por la ladera aplastando matorrales y despertando a mi esposa al tiempo que quedaba derecho. Luego de asegurarme que estábamos bien, traté de encender la máquina, para nuestra sorpresa, ésta volvió a arrancar y pudimos regresar a casa. Mi esposa aseguraba que desde entonces tenía tortícolis.

Ahora que lo pienso, casi todos los percances que tuve con el vehículo fué acompañado por mi esposa, excepto el último. El cual me ocurrió precísamente poco después de su partida, el fin de semana, luego de despertarme y salir de casa para ir a trotar me encontré con que el vehículo no se encontraba, inmediatamente pensé que había sido robado y lo reporté a la aseguradora, me informaron que tenía que presentar un reporte de la policía para que pudiera proceder, llamé a la policía, me mandaron a hacer el reporte en una máquina de servicio, recordé que había siempre una apostada en un transitado crucero del periférico, cerca de casa, así que sin mayor opción, me fuí caminando; al ir subiendo por las curvas me llamó la atención que algo de la maleza del arroyo estaba aplastada, y la valla retocida, al acercarme pude ver que ahí, efectivamente, al fondo del pequeño barranco, estaba mi coche, justo al lado de las vías del tren.

Tuesday, January 17, 2017

Little witch academia

La escuela para pequeñas brujas


Kaguri Atsuko(Akko), es una niña normal, que en alguna ocasión asistió al espectáculo mágico de Shiny Chariot, una famosa bruja, lo cual despertó en ella el interés por la magia y desde ese momento se decidió a entrar a la academia de brujas.

La historia no es más que una excusa para mostrarnos la relación entre Akko y sus compañeras y amigas, Lotte y Sucy, mismas que en la escuela y sus alrededores viven muchas aventuras. Suena bastante convencional y ciertamente lo es, pues lo trascendente de ésta serie, es precísamente la dinámica entre los personajes y, al menos en el caso de las películas, la animación, la cual es maravillosamente fluída y constante, no cabezas de lenguado ni mentones fijos, los movimientos de los personajes, las llamas, la iluminación, es curioso cómo algo que debería ser un estándar se considera un mérito en éstos días, sin duda ésto es laborioso y caro, y se nota, pues la calidad ciértamente decae en la serie y la historia si no era particularmente sólida en las pelis, aquí se diluye algo más.

El desfile encantado

Serie

 
 El formato de una aventura por semana sin un aparente arco para la temporada puede obedecer a que se trata de los primeros episodios para establecer a los personajes o construír el universo, sin embargo, por alguna manera el avance de los personajes se siente algo apresurado, el ejemplo más patente es cuando Akko encuentra el Shiny Rod de su heroína Shiny Chariot, en la película es algo enteramente fortuito que si bien ayuda a derrotar al monstruo, no sólo es un Deus Ex que sale de la tierra para ser usado por la niña.
Aún así la serie es entretenida, tan sólo para tener un poco más de éste trío de aprendices de brujas.

Como nota curiosa, si bien cualquier obra basada en una escuela de hechicería puede compararse con la serie de Harry Potter, hay varios detalles que vale la pena mencionar; la protagonista viene de una familia sin brujas, "mudblood" seria en HP Hermione Granger,  y por ello es discriminada por una popular chica de una prestigiosa familia en el mundo de la magia, quien es siempre acompañada por sus secuaces, lo cual nos recuerda a Draco Malfoy con Crabbe y Goyle; también están detalles como los duendecillos haciendo de cocineros e intendentes.

Las películas son maravillosas sin duda, y difrutables para cualquier fan de la animación; la serie por otro lado, si bien no es mala, deja con ganas de más, mucho más, ¿mejorará en los siguientes episodios?, es difícil saberlo, en cualquier caso...
A believing hearth is your magic